Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

miércoles, 23 de julio de 2014

Santa Brigida de Suecia – co patrona de Europa



Hoy celebramos la memoria litúrgica de Santa Brígida de Suecia, una santa poco conocida en esta parte del mundo. En este continente encontramos a las hermanas brigidinas tan solo en los Estados Unidos, México y Cuba. 
El 1ro de octubre de 1999, San Juan Pablo II declaró a Santa Brigida – junto a Santa Catalina de Siena y Santa Teresa Benedicta de la Cruz - copatrona de Europa mediante su Carta apostólica en forma “MotuProprio”. 
Allí Juan Pablo II explica los motivos y nos brinda una breve biografía de esta santa “profeta” y nos dice que  “la íntima unión con Cristo fue acompañada de especiales carismas de revelación hicieron de ella un punto de referencia para muchas personas de la Iglesia de su tiempo. En Brígida se observa la fuerza de la profecía. A veces, su tono parece un eco del de los antiguos profetas. Habla con seguridad a príncipes y pontífices, desvelando los designios de Dios sobre los acontecimientos históricos.”
En su Audiencia del 27 de octubre de 2010 también el Papa emérito Benedicto XVI  ofrece una biografía de la santa y aclara que “conocemos bien los acontecimientos de la vida de santa Brígida, porque sus padres espirituales redactaron su biografía para promover su proceso de canonización inmediatamente después de su muerte, acontecida en 1373”.
El Papa Benedicto en la misma audiencia explica que “Brígida, tras la muerte de su marido, después de distribuir sus bienes a los pobres, aunque nunca accedió a la consagración religiosa, se estableció en el monasterio cisterciense de Alvastra y allí comenzaron las revelaciones divinas, que la acompañaron durante todo el resto de su vida. Brígida las dictó a sus secretarios-confesores, que las tradujeron del sueco al latín y las recogieron en una edición de ocho libros, titulados Revelationes (Revelaciones). A estos libros se añadió un suplemento, que lleva por título precisamente Revelationes extravagantes (Revelaciones suplementarias).
Las Revelaciones de santa Brígida presentan un contenido y un estilo muy variados. A veces la revelación se presenta en forma de diálogos entre las Personas divinas, la Virgen, los santos y también los demonios; diálogos en los cuales también Brígida interviene. Otras veces, en cambio, se trata del relato de una visión particular; y en otras se narra lo que la Virgen María le revela acerca de la vida y los misterios del Hijo. El valor de las Revelaciones de santa Brígida, a veces objeto de alguna duda, lo precisa el venerable Juan Pablo II en la carta Spes aedificandi: «Al reconocer la santidad de Brígida, la Iglesia, sin pronunciarse sobre cada una de las revelaciones que tuvo, aceptó la autenticidad global de su experiencia interior» (n. 5).

De hecho, leyendo estas Revelaciones nos sentimos interpelados sobre numerosos temas importantes. Por ejemplo, aparece con frecuencia la descripción, con detalles bastante realistas, de la Pasión de Cristo, hacia la cual Brígida tuvo siempre una devoción privilegiada, contemplando en ella el amor infinito de Dios a los hombres. En labios del Señor que le habla, ella pone con audacia estas conmovedoras palabras: «Oh, amigos míos, yo amo con tanta ternura a mis ovejas que, si fuera posible, quisiera morir muchas otras veces por cada una de ellas con la misma muerte que sufrí para la redención de todas» (Revelationes, libro I, c. 59). También la dolorosa maternidad de María, que la convirtió en Mediadora y Madre de misericordia, es un tema que se repite en las Revelaciones.”

martes, 22 de julio de 2014

Jerzy Kluger : Irene Kluger habla de su esposo Jerzy (2 de 2)


(Irene y Jerzy Kluger en su casa en Roma)

En su tan conocido y ameno libro Cruzando el Umbral de la Esperanza, escrito con Vittorio Messori, Juan Pablo II escribe: 

“Deseo comentar también mi experiencia personal desde los primerísimos años de mi vida en mi ciudad natal. Recuerdo sobre todo la escuela elemental de Wadowice, en la que, en mi clase, al menos una cuarta parte de los alumnos estaba compuesta por chicos judíos. Y quiero mencionar mi amistad, en aquellos tiempos escolares, con uno de ellos, Jerzy Kluger, amistad que ha continuado desde los bancos de la escuela hasta hoy.” 

De esta manera el mundo supo de la amistad entre el Papa y un judío polaco, quien murió en Roma a los 90 años, seis años después de la muerte de su amigo Juan Pablo II.  Jerzy Kluger fue enterrado en el sector judío del cementerio de Prima Porta. Siete días después del entierro se llevo a cabo una conmemoración solemne en su honor, presidida por un rabino de Roma, en presencia de la viuda de Kluger Irene y su hija Linda (la segunda hija de Jerzy Kluger ya había muerto) y altas autoridades.  En el cementerio se escuchaban los ecos del Kaddish,  una plegaria judía por los muertos.  Al finalizar la ceremonia  Wlodzimierz Redzioch  habló con Irene Kluger en recuerdo de su esposo, patriota polaco y amigo de Juan Pablo II.

Jerzy Kluger y su esposa Irene, católica, en su casa en Roma….Cuando y en que circunstancias conoció a Jerzy Kluger?

Irene Kluger: Conoci a mi esposo durante la Guerra en Egipto, precisamente después de la batalla de El Alamein en 1942. Yo era oficial del ejercito británico y mi esposo oficial del ejercito polaco del General Anders, que luchó con los aliados. Le comento como se encontró mi esposo en  Egipto: al desatarse la 2da Guerra Mundial Jerzy dejó Wadowice y se dirigió al este con su padre para alistarse en el ejercito polaco. En 1940 fueron tomados prisioneros por los soviéticos y enviados a un campo de trabajos forzados en Siberia. Al aliarse los Estados Unidos con la Unión Soviética en contra de Alemania, muchos prisioneros polacos en la Unión Soviética pudieron alistarse en el ejercido del General Anders.  Este ejercito llega hasta Egipto a través de Uzbekistan y el Medio Oriente.  Yo me encontraba en Alexandria y el Cairo.  Me encontré a Jerzy porque practicaba el tenis igual que yo. Entonces podíamos jugar tenis en el club de los oficiales y fue allí donde nos vimos por primera vez.

Asi que se vieron y se enamoraron?

Kluger: Si, nos casamos en El Cairo. Lamentablemente la Guerra continuaba y Jerzy debió partir con el ejercito polaco y luchar en la campaña italiana, incluida la batalla de Monte Cassino. Yo regresé a Inglaterra,  y Jerzy pudo unirse conmigo terminada la Guerra.  Entonces entro en la Universidad de Nottingham, donde se graduó en ingeniería.

Porqué usted que es irlandesa y su esposo polaco deciden establecerse en Italia?

Kluger:  Mi esposo comenzó a trabajar con Italia.   También habíamos ido a Italia de vacaciones, visitamos San Remo y Positano,  entre otros nos enamoramos de este país.  Además nos gustaba el clima: mi hija menor, que sufría de asma, se sentía mejor en Italia que en Inglaterra; y aquí Jerzy podia jugar tenis todo el año (realmente era un deporte que le entusiasmaba) Así que decidimos radicarnos aquí.

Y como fue vivir en Italia?

Kluger: Cuando llegamos en 1950 Italia era un paraíso. Ademas, eramos jóvenes y veníamos llenos de entusiasmo.

Como católica, usted hizo bautizar a sus hijas y les dio una educación católica.  Quiere decir que su esposo era muy respetuoso en temas religiosos?

Kluger:  Mi esposo, al igual que su padre, eran creyentes judíos, pero muy tolerantes.   La familia de Jerzy no vivía en un ghetto, y tenían muchos amigos polacos católicos.  Además, uno se considera judío si tiene una madre judía, así que mis hijas, habiendo sido nacidas de una madre católica no eran judías y podían ser bautizadas.

El Cadenal Dziwisz se refirio a Jerzy Kluger como “un gran patriota polaco”.  Que le decía su esposo sobre Polonia y como sentía su país? 

Kluger: Es verdad, mi esposo era un gran patriota polaco. Me lo confirmaba a diario durante los 60 años de vida juntos. Supongo que no hace falta aclarar que hablaba de la Polonia de su infancia y juventud, pero también de Karol Wojtya.   No mostraba gran interés en la situación política de la Polonia de hoy, prefería leer los clásicos de la literatura polaca.  Todos los años participaba de la conmemoración de la batalla de Monte Cassino.

Jerzy Kluger peleó en la batalla de Monte Cassino como soldado del ejercito polaco del General Anders.  Éste fue un hecho histórico   muy importante para el pueblo polaco….

Kluger:  Jerzy siempre recordaba esos momentos muy vividamente.  Me lo repetía a menudo. Debemos recordar que por su participación en esta batalla mi esposo recibió una condecoración muy importante polaca “Polonia restituta”. Ademas, no hace mucho las autoridades lo promovieron de capitán a mayor. 

Cuando se enteré de la amistad entre estos dos niños de Wadowice Jerzy Kluger y Karol Wojtyla?

Kluger: Durante el Concilio Vaticano II mi esposo leyó en los diarios que el nombre del arzobispo de Cracovia era Karol Wojtyla  y recordó a su amigo de Wadowice.  Fue a un instituto polaco para averiguar, pero Wojtyla no estaba allí, así que dejo su numero de teléfono.  Poco tiempo después, Wojtyla llamo a la oficina diciendo”Eres tu Jurek Kluger?  Cuando Jerzy contestó: si!  le dijo que debían verse pronto.  Así que estos dos amigos de Wadowice se reencontraron después de 25 años. A partir de ese momento ya no perdieron contacto.   Cuando el cardinal Wojtyla estaba en Cracovia, se escribían o llamaban por teléfono y se encontraban personalente cuando el venia a Roma.

Que ocurrió cuando el cardinal Wojtyla es elegido Papa?

Kluger: Mi esposo estaba en el consultorio del dentista cuando escucho la noticia de la elección por radio. Llego a casa muy entusiasmado, también yo lo estaba.   Fueron momentos increíbles para nosotros.  El día después de la misa de apertura del pontificado de Juan Pablo II hubo una audiencia para los polacos en el Aula Pablo VI, durante la cual pudieron abrazarse.  A partir de entonces Jurek se encontraba con el a menudo.  Cada tanto también toda la familia almorzaba o cenaba con el Papa en el Vaticano o en Castel Gandolfo.  Nuestras reuniones eran por un lado muy sencillas – porque lo veíamos como uno de la familia – y a su vez extraordinarias. Karol Wojtyla era alguien muy especial en todo lo que hacia, según me decía mi esposo.    Karol Wojtyla nos quería y lo ratificó porque bautizo nuestra nieta, le dio la primera comunión y la casó y en el año 2000;  también bautizó a nuestra bisnieta Chiara!

 (en Castel Gandolfo Juan Pablo II saluda a Halina, amiga y compañera de escuela  de ambos - de Juan Pablo II y Jerzy - con ocasión del casamiento de Stefania, la nieta de Kluger, el 11 de septiembre de 1997).

Se hablo del rol de su esposo en la preparación de la visita que Juan Pablo II realizara a la Sinagoga en 1986 y en establecer relaciones diplomáticas entre Israel y la Santa Sede en 1993. Que nos puede decir acerca de esto?

Kluger: En cuanto ala visita del Papa a la Sinagoga, mi esposo no participo de la preparación.  Obviamente conocía al Rabino Toaf, pero no frecuentaba la Sinagoga de Roma porque los judíos romanos son Sefardies mientras que el era un Askenazi. Mi esposo también me comentó que  Karol WOjtyla ya había entrado a una sinagoga en 1936.  Wilhelm Kluger, el padre de mi esposo había organizado un concierto de un tenor famoso en la sinagoga local y había invitado al joven amigo de su hijo y a su padre.  En cambio Jurek trabajó mucho para que Israel y la Santa Sede establecieran relaciones diplomáticas.   Podia hacerlo porque conocía políticos Israelies y podía tratar directamente con el Papa.

Usted quería que su esposo fuera sepultado según el rito judío? Cual era el deseo de su esposo?

Kluger: En realidad, mi esposo quería ser cremado y llevado al cementerio judío de Londres, donde esta enterrado su padre. Lamentablemente la ley judía no permite la cremación así que pensé que entonces seria mejor hacerlo enterrar entre otros judíos en Roma.   Yo no conocía nada del rito del entierro judío:   la gente del Hogar donde murió mi esposo se ocupo de todo.  Debo también agradecer a todos los embajadores que asistieron a la ceremonia conmemorativa que se llevó a cabo siete días después de ocurrir la muerte.


 (Entrevista realizada por Wlodzimierz Redzioch – publicada en Inside The Vatican 25 de febrero de 2012)

viernes, 18 de julio de 2014

Jerzy Kluger : amigo de Juan Pablo II - “El Papa y yo” (1 de 2)


He leído muchos libros sobre Karol Wojtyla/Juan Pablo II, su pensamiento, su obra y su vida, escritos por amigos, colegas, periodistas y vaticanistas. Algunos - quizás no los mejores que he leído -  fueron igualmente valiosos porque me fueron abriendo caminos. Otros –  más específicos – he debido releerlos para profundizar en el pensamiento de quien me guiara por un nuevo sendero en mi vida. Ninguno me desconcertó como éste. 
Imaginaba que alguien que había sido tan amigo suyo desde la más tierna infancia me desvelaría algún secreto, quizás no intimo pero si más profundo de la amistad con alguien tan particular;  algo nuevo, alguna anécdota no leída o contada, sueños y preocupaciones compartidas….  Por eso tenía mucha ilusión en recibir el libro de Jerzy Kluger, amigo de la infancia de Karol Wojtyla, que – lamento decirlo - me decepcionó.  
Terminada la escuela secundaria los amigos tomaron diferentes rumbos para comenzar sus estudios.  Karol (Lolek) se mudaría a Cracovia, Jerzy (Jurek) a Varsovia. La tragedia de la II Guerra Mundial finalmente los separó durante largo tiempo y nada supieron el uno del otro, hasta que se reencontraron durante las sesiones del Concilio Vaticano II en Roma, casi casualmente, porque ya el obispo polaco había cobrado cierto renombre. Después de ese reencuentro  no perdieron contacto.   Si bien Jerzy,  que vivía en Roma,  no volvería a Polonia hasta muchos años más tarde, el reencuentro quedó sellado después de la elección de Karol Wojtyla al pontificado .
El libro contiene datos muy completos (exigirían mayor análisis) acerca de la ayuda de Jerzy a su amigo en el acercamiento de las dos religiones, en mejorar relaciones diplomáticas y afirmar contactos. Sin lugar a dudas su buena fe se presenta intachable. Mi primer “traspié” fue al leer que tanto el cardenalpolaco Avgust Hlond   (Julio5 1881 – octubre 22, 1948) como el mártir San Maximilano Kolbe son tildados de antisemitas. Tanto me llamo la atención que escribí a un amigo, sacerdote jesuita en Polonia,  que me aclarara esta duda. El me respondió textualmente:  “En cuanto al antisemitismo en Polonia antes de la 2da guerra mundial la cuestión es muy compleja. Debemos saber que entonces casi seis millones de los ciudadanos de Polonia eran hebreos; casi un quinto de la población. Algunas profesiones estaban casi totalmente en sus manos: sobre todo el comercio. En el tiempo de la crisis económica la situación se volvió muy tensa. Los comerciantes polacos católicos (que eran minoría) no estaban en condiciones de competir con los comerciantes hebreos. Muchos de ellos quebraron.  Algunos representantes de la iglesia católica,  probablemente también el cardenal Hlond y el padre Mximiliano Kolbe,  (no soy experto en este campo) los apoyaban en el sentido de incentivar a la gente a comprarles a los negocios polacos y no a los hebreos, lo cual fue considerado antisemitismo. Pero hay algo totalmente claro….de ninguna manera es cierto que los polacos o la iglesia católica en Polonia colaborase con los alemanes en el antisemitismo nazista. Es verdad que también hubo traidores como ocurre siempre, pero eran minoría y en ese grupo no había exponentes de la iglesia católica, es mas con ayuda de la Iglesia se salvaron miles de hebreos… lo cual es sistemáticamente olvidado.”
Aquellas palabras del libro y la aclaración me turbaron  y seguí leyendo más críticamente.  Primero se me ocurrió que el título del libro debería haber sido Yo y el Papa (no El Papa y yo) porque el “autor” hablaba de si mismo  y de su propia experiencia, de las relaciones y situación de los judíos antes y durante la 2da guerra, sin entrar mucho en detalles acerca de sus relaciones con su amigo.  Hay, sin embargo,  información interesante de sus primeros años de vida pero nada nuevo,  después naturalmente hubo un entretiempo trágico de por sí, durante el cual es natural que hablase de si…pero cuando volvieron a encontrarse el material expuesto es más bien histórico, hechos concretos, planes y detalles pero poco y nada de su amistad. Los comentarios sobre las visitas y charlas contienen descripciones casi banales, dedicándole mayor atención a los “trámites” tendientes a mejorar las relaciones hebreo-católicas, Vaticano-Israel, etc.   En determinado momento hasta llegue a sospechar que el autor pone en boca de otros personajes (por ej. Lichten) lo que él prefiere no decir…..si bien hay trozos que verdaderamente merecen ser releídos.
Terminado el libro busque “apoyo logístico” a mi teoría que quizás el libro ni siquiera lo había escrito Jerzy Kluger y sólo habían utilizado sus anotaciones..... No lo sé,  ni se porqué se me ocurrió. Además a quien preguntarle?  Analizando veo que en la contratapa el comentario de George Weigel es muy “light” y  evasivo. No se compromete.  El prólogo escrito por Eugene  J. Fisher  francamente no agrega nada.  Fue releyendo el prefacio escrito por Geoge B. Irish que terminó de abrirme los ojos (no me había percatado antes/no soy de leer con mucho cuidado prólogos y prefacios)  que fue Gianfranco De Simone (con quien Jerzy Kluger “escribió” el libro) quien le sugirió que escribiera sobre su larga amistad con el Papa Juan Pablo II y comenta que si bien Jurek guardaba recuerdos de los hechos, los detalles y fechas se habían perdido al cerrar su oficina y jubilarse.  No obstante – dice Fisher – en mayo del 2008!!!  Jurek confirma “jubiloso” haber encontrado notas “relacionadas con todos los encuentros de Juan Pablo II y otras personas del Vaticano”. Las notas estaban escritas en polaco y George Irish las tradujo al italiano para el Dr. De Simone. A partir de allí Jurek y Gianfranco comenzaron a "escribir" El Papa y yo.  Era mayo del 2008.  Jurek murió en diciembre del 2011 de complicaciones surgidas en su enfermedad (Alzheimer) y el libro se publicó en el 2012.   Es evidente que Jurek no había estado en condiciones ni de leer ni de revisar el libro que había “escrito” así que nada de mi decepción se debe a él.  Las notas y los documentos estaban, pero los sentimientos habían quedado ocultos ... habían ensombrecido. La enfermedad de Alzheimer es así. 
Entonces  encontré la clave de mis dudas.  Este no es un libro sobre una amistad, sino un libro mas bien “histórico” donde se quiso dejar registradas las relaciones judeo-cristianas y empeños de un período determinado  (basado en notas) y relaciones con un personaje notable,  en general bien logrado debido justamente a esa firme amistad.  Pide, sin embargo, ser analizado más a fondo y   tener a quien consultar en caso de dudas (como me ocurrió a mí). Quizás la equivocada fui yo que esperaba saber más de sus vidas cotidianas, de sus relaciones amistosas, de sus conversaciones entre amigos… cuando el libro mismo aclara “como la amistad de toda una vida entre un judío polaco y el Papa Juan Pablo II llevo adelante la causa de las relaciones judeo-cristianas).
De todas maneras este libro es la antítesis de otro libro sobre la amistad con Karol Wojtyla:  Diario de una amistad deWanda Poltawska.

Jerzy Kluger con Gianfranco De Simone: The Pope and I, Orbis Books, 2012

martes, 15 de julio de 2014

El espíritu carmelitano de Karol Wojtyla

El 7 de junio de 1979 Karol Wojtyla, ya como Papa Juan Pablo II en un discurso muy emotivo demostraba el enorme cariño por su ciudad de origen y decía que llegaba “con gran emoción a la ciudad en que nací, a la parroquia en que fui bautizado y acogido para formar parte de la comunidad eclesial, al ambiente al que estuve vinculado durante 18 años de mi vida: desde el nacimiento hasta el examen de madurez.”
(izq. Santuario de San José, en el medio estatua en honor a San Rafael Kalinowski, al fondo convento carmelitano)


Evidentemente no hubo tiempo entonces en acercarse a su querido Santuario de San Jose, parte del Monasterio de los padres carmelitanos, que habían llegado a Wadowice en 1892 y entre  1897/1899 construyeron en “la colina” una iglesia y un monasterio. El arquitecto de la iglesia y prior de la comunidad carmelita había sido San Rafael Kalinowski. En esta Iglesia después de su primera comunión Karol recibió el escapulario de manos del padre Sebastián y la iglesia guarda uno de sus escapularios expuesto en un relicario como un preciado tesoro.

Fue recién durante su viaje de 1983 que pudo rendir el correspondiente  homenaje,  si bien no en Wadowice, sino en Cracovia, beatificando al padre Rafael Kalinowski, aquel mártir del confesionario”,  que había comenzado su vida carmelitana tardíamente, a los 42 años,  y fue proclamado santo en Roma el 17 de noviembre de 1991, con ocasión de un aniversario por cierto significativo: el IV Centenario de la muerte de San Juan de la Cruz. 

Karol Wojtyla no solía hablar mucho de su propia vida  y de lo que le había acontecido, es por sus amigos, compañeros y maestros que han quedado registrados detalles.   Es así que en Boniecki (Kalendarium) leemos que después de haber sido consagrado obispo visitó su querido convento de “Na Gorce” (en la colina) en Wadowice y su visita quedo anotada en el Convento  con el siguiente comentario firmado por el padre carmelita Boguslaw Woznicki:  “Al visitar el seminario carmelitano ya como obispo auxiliar, inmediatamente después de su consagración, nos decía ” Me alegra compartir con ustedes mi devoción a la Virgen Maria, Madre del Escapulario. Siempre llevo el escapulario que recibí de manos del padre Sylvester el dia de mi primera comunión y si bien vivía casi pegado a la iglesia parroquial, siempre he permanecido muy unido a vuestra iglesia “en la colina” . Entre todos los servicios que encantaban a mi alma de niño, uno de los más preciados era la novena preparatoria a la fiesta de Nuestra Señora del Monte Carmelo, durante las vacaciones de verano. En aquellos días no solíamos irnos de vacaciones como ahora.  Yo pasaba mis vacaciones en Wadowice y nunca me perdía la novena durante los años que viví allí. A veces era difícil dejar los amigos, dejar las refrescantes olas del rio Skawa,  pero el poderoso toque de las campanas carmelitanas era más fuerte,  penetraba hasta el alma y así dejaba todo y partía.  Debo reconocer que yo vivía casi pegado a la iglesia de Wadowice, pero “creci” al amparo de la Iglesia de San José.     

Durante sus primeros años de vida en Cracovia fue Jan Tyranowski quien afirmó su devoción carmelitana introduciéndolo en los escritos de San Juan de la Cruz y de Santa Teresa de Ávila, tal como Juan Pablo II reconoce en Don y Misterio.  Este sastre,  un laico contemplativo  (que formo un grupo de jóvenes llamado rosario viviente) introdujo a Karol a la espiritualidad carmelitana y sobre todo en el conocimiento del místico español San Juan de la Cruz. El sastre intuyó cuanto podía influir la vida de San Juan de la Cruz en este otro poeta y no se equivocó pues Karol Wojtyla estudiará el español para comprenderlo mejor y escribirá más tarde su obra doctoral  La fe segùn San Juan de la Cruz.  El traductor al español de la obra nos dice que en 1964, Karol Wojtyla encontrará en su camino universitario no al estudiante de Salamanca, sino al santo y al doctor de la Iglesia." 

 En Don y Misterio Juan Pablo II además nos cuenta que en Cracovia se “acrecentó su interés por la espiritualidad carmelitana….en la calle Rakowicka, había un monasterio de Padres Carmelitas Descalzos. Tenía contactos con ellos y una vez hice allí mis Ejercicios Espirituales, con la ayuda del P. Leonardo de la Dolorosa. Durante un cierto tiempo consideré la posibilidad de entrar en el Carmelo. Las dudas fueron resueltas por el Arzobispo Cardenal Sapieha, quien -con el estilo que lo caracterizaba- dijo escuetamente: "Es preciso acabar antes lo que se ha comenzado''. Y así fue. “

Su sentir con el Carmelo fue constante y viviente.  Cito aquí solo algunos ejemplos: su visita alCarmelo de Lisieux donde en su discurso demostraba su profunda cercanía y admiración por la orden.    
 al igual que su visita en 1982 a las religiosas carmelitas de Avila,     como asi también  su discurso con ocasión del acto de clausura del IV centenario de la muerte de Santa Teresa de Jesús. 


Podría citar muchas otras fuentes y comentarios, pero sería repetir un poco lo ya publicado en este blog,  entre cuyas experiencias más fuertes para mí personalmente fue aquel increíble momento de la visita a Santa Maria in Traspontina en Roma.   

domingo, 13 de julio de 2014

La palabra de Dios y la semilla del sembrador


“El Evangelio de este domingo nos recuerda la parábola del sembrador. Primeramente Cristo anuncia esta parábola a la multitud concentrada a la orilla del lago y luego la explica a sus discípulos.
La Palabra de Dios es semejante a la semilla que el sembrador esparce para que produzca frutos en las almas de los hombres.
El profeta Isaías ha preparado ampliamente el terreno para comprender la parábola evangélica. He aquí lo que leemos en la liturgia de hoy: "Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo (Is 55, 10-11); así habla el Señor.
Deseamos, con esta plegaria, venerar la Palabra de Dios operante en el alma de María de Nazaret.
Queremos honrar a María, en la cual se ha cumplido del modo más perfecto la parábola evangélica, al igual que la profecía de Isaías. ¡La palabra de Dios sembrada en el corazón de María ha producido los más bellos frutos!
Al mismo tiempo, deseamos orar a fin de que la Palabra de Dios produzca sus frutos también en nuestros corazones de acuerdo con la parábola de Cristo. Y a fin de que no vuelva "vacía".
Oremos para que el poder salvífico de la Palabra de Dios sea generosamente acogido en las almas de los hombres. Oremos para que haya buena cosecha sobrenatural en los corazones.”

viernes, 11 de julio de 2014

Todo hombre es aquel “hijo pródigo”

(Rembrandt: El regreso del hijo pródigo - Wikimedia)


«Un hombre tenía dos hijos. El más joven dijo al padre: "Padre, dame la parte de herencia que me corresponde", dice Jesús poniendo al vivo la dramática vicisitud de aquel joven: la azarosa marcha de la casa paterna, el despilfarro de todos sus bienes llevando una vida disoluta y vacía, los tenebrosos días de la lejanía y del hambre, pero más aún, de la dignidad perdida, de la humillación y la vergüenza y, finalmente, la nostalgia de la propia casa, la valentía del retorno, la acogida del Padre. Este, ciertamente no había olvidado al hijo, es más, había conservado intacto su afecto y estima. Siempre lo había esperado y ahora lo abraza mientras hace comenzar la gran fiesta por el regreso de «aquel que había muerto y ha resucitado, se había perdido y ha sido encontrado».
El hombre —todo hombre— es este hijo pródigo: hechizado por la tentación de separarse del Padre para vivir independientemente la propia existencia; caído en la tentación; desilusionado por el vacío que, como espejismo, lo había fascinado; solo, deshonrado, explotado mientras buscaba construirse un mundo todo para sí; atormentado incluso desde el fondo de la propia miseria por el deseo de volver a la comunión con el Padre. Como el padre de la parábola, Dios anhela el regreso del hijo, lo abraza a su llegada y adereza la mesa para el banquete del nuevo encuentro, con el que se festeja la reconciliación.
Lo que más destaca en la parábola es la acogida festiva y amorosa del padre al hijo que regresa: signo de la misericordia de Dios, siempre dispuesto a perdonar. En una palabra: la reconciliación es principalmente un don del Padre celestial.
Pero la parábola pone en escena también al hermano mayor que rechaza su puesto en el banquete. Este reprocha al hermano más joven sus descarríos y al padre la acogida dispensada al hijo pródigo mientras que a él, sobrio y trabajador, fiel al padre y a la casa, nunca se le ha permitido —dice— celebrar una fiesta con los amigos. Señal de que no ha entendido la bondad del padre. Hasta que este hermano, demasiado seguro de sí mismo y de sus propios méritos, celoso y displicente, lleno de amargura y de rabia, no se convierta y no se reconcilie con el padre y con el hermano, el banquete no será aún en plenitud la fiesta del encuentro y del hallazgo.
El hombre —todo hombre— es también este hermano mayor. El egoísmo lo hace ser celoso, le endurece el corazón, lo ciega y lo hace cerrarse a los demás y a Dios. La benignidad y la misericordia del Padre lo irritan y lo enojan; la felicidad por el hermano hallado tiene para él un sabor amargo[21]. También bajo este aspecto él tiene necesidad de convertirse para reconciliarse.
La parábola del hijo pródigo es, ante todo, la inefable historia del gran amor de un padre —Dios— que ofrece al hijo que vuelve a Él el don de la reconciliación plena. Pero dicha historia, al evocar en la figura del hermano mayor el egoísmo que divide a los hermanos entre sí, se convierte también en la historia de la familia humana: señala nuestra situación e indica la vía a seguir.”

Partido final de los tres Papas