Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

martes, 2 de febrero de 2016

Lumen ad revelationem gentium


La liturgia de la fiesta de hoy nos recuerda en primer lugar las palabras del Profeta Malaquías: «He aquí que entrará en su templo el Señor a quien buscáis..., he aquí que viene». De hecho estas palabras se hacen realidad en este momento: entra por primera vez en su templo el que es su Señor. Se trata del templo de la Antigua Alianza que constituía la preparación de la Nueva Alianza. Dios cierra esta Nueva Alianza con su pueblo en Aquel que «ha ungido y enviado al mundo», esto es, en su Hijo. El templo de la Antigua Alianza espera al Ungido, al Mesías. Esta espera es, por así decirlo; la razón de su existencia.
Y he aquí que entra. Llevado por las manos de María y José. Entra como un niño de 40 días para cumplir las exigencias de la ley de Moisés. Lo llevan al templo como a tantos otros niños israelitas: el niño de padres pobres. Entra, pues, desapercibido y —casi en contraste con las palabras del Profeta Malaquías— nadie lo espera. «Deus absconditus: Dios escondido» (cf. Is 45, 15). Oculto en su carne humana. nacido en un establo en las cercanías de la ciudad de Belén. Sometido a la ley del rescate, como su Madre a la de la purificación.
Aunque todo parezca indicar que nadie lo espera en este momento, que nadie lo divisa, en realidad no es así. El anciano Simeón va al encuentro de María y José, toma al Niño en sus brazos y pronuncia las palabras que son eco vivo de la profecía de Isaías: «Ahora, Señor, puedes ya dejar ir a tu siervo en paz, según tu palabra: porque han visto mis ojos tu salud, la que has preparado ante la faz de los pueblos: luz para iluminación de las gentes y gloria de tu pueblo Israel» (Lc 29-32; cf. Is 2, 2-5; 25, 7).
Estas palabras son la síntesis de toda la espera, la síntesis de la Antigua Alianza. El hombre que las dice no habla por sí mismo. Es Profeta: habla desde lo profundo de la revelación y de la fe de Israel. Anuncia el final del Antiguo Testamento y el comienzo del Nuevo.


sábado, 30 de enero de 2016

El compromiso de Juan Pablo II por Solidarność


En realidad el desmantelamiento del telón de acero comenzó en 1979 en Gniezno.   La chispa había sido encendida en aquel viaje de Juan Pablo II  y ya no habría vuelta atrás;  años difíciles por cierto  hasta 1983 cuando fue levantada la ley marcial después del 2do viaje del Papa a su patria Polonia. Años de riesgos y compromisos continuos,  también de parte del Papa Juan Pablo II y a su vez de todos los polacos que ansiaban vivir en una Polonia libre, libre del yugo del comunismo.

Corría el año 1981…… cuenta Bernardo Lecomte en un capítulo de su libro Giovanni Paolo II, biografia, Baldini Castoldi Dalai editore.

“Habiendo decidido apoyar a Walesa y a sus amigos, que habían sido objeto de un golpe aplastante, con todo el aspecto de ser definitivo, el Santo Padre toma una decisión personal difícil. Es verdad que se trata del Papa, y no del vicario de alguna parroquia d Gdansk o del arzobispo de Cracovia. Pero la puesta en juego es muy importante y va más allá de la coyuntura polaca Si el poder comunista decide saldar cuentas con los polacos, como lo hizo con los alemanes en Berlín Este en 1953, con los húngaros en Budapest en 1956 y con los checoslovacos en Praga en 1968, la esperanza de poner fin a la pesadilla del totalitarismo cae derrumbada. Solidarność no es solo un sindicato con decenas de millones de afiliados, un movimiento social de una fuerza extraordinaria, sino también la forma más sofisticada, jamás concebida, de oposición en masa bajo un sistema comunista y prueba de que es posible obtener la victoria sin una contra-revolución armada, sin derramamiento de sangre. Si aquella forma de acción no violenta no tuviese éxito, en un futuro próximo, sólo serían concebibles actos de desesperación, de terrorismo, de muerte. La puesta en juego es, pues, tanto moral o ética, como política y va mas allá del espacio polaco.


Dimensión moral. Juan Pablo II nos habla reiteradamente con el ardor del mensaje natalicio: «¿Qué la fuerza del bien pueda triunfar sobre la fuerza del mal! ¿Qué la fuerza de la justicia, del respeto por el hombre, del amor por la patria pueda triunfar sobre las fuerzas del odio y de la destrucción física o moral!» El va más lejos. Encarando la lucha, no se limita a defender los valores morales, universales encarnados por el sindicato – el camino de la no-violencia, solidaridad, libertad – sino que busca salvar a Solidarność como socio en un futuro diálogo con el poder. Su línea política ha sido trazado y no cambiará más: es necesario un diálogo entre poder y sociedad, es necesario reencontrar el camino de un acuerdo nacional que no se transforme en mercado engañoso…. Diálogo y acuerdo nacional, un objetivo que no alcanzaba entones a comprenderse, pero triunfaría siete años después y llegaría a perdurar en el tiempo.”

miércoles, 27 de enero de 2016

Salarios adecuados y leyes contra la explotaciòn


“La sociedad y el Estado deben asegurar unos niveles salariales adecuados al mantenimiento del trabajador y de su familia, incluso con una cierta capacidad de ahorro. Esto requiere esfuerzos para dar a los trabajadores conocimientos y aptitudes cada vez más amplios, capacitándolos así para un trabajo más cualificado y productivo; pero requiere también una asidua vigilancia y las convenientes medidas legislativas para acabar con fenómenos vergonzosos de explotación, sobre todo en perjuicio de los trabajadores más débiles, inmigrados o marginales. En este sector es decisivo el papal de los sindicatos que contratan los mínimos salarios y las condiciones de trabajo.

En fin, hay que garantizar el respeto por horarios «humanos» de trabajo y de descanso, y el derecho a expresar la propia personalidad en el lugar de trabajo, sin ser conculcados de ningún modo en la propia conciencia o en la propia dignidad. Hay que mencionar aquí de nuevo el papel de los sindicatos no sólo como instrumentos de negociación, sino también como   «lugares» donde se expresa la personalidad de los trabajadores: sus servicios contribuyen al desarrollo de una auténtica cultura del trabajo y ayudan a participar de manera plenamente humana en la vida de la empresa.

Para conseguir estos fines el Estado debe participar directa o indirectamente. Indirectamente y según el principio de subsidiariedad, creando las condiciones favorables al libre ejercicio de la actividad económica, encausada hacia una oferta abundante de oportunidades de trabajo y de fuentes de riqueza. Directamente y según el principio de solidaridad, poniendo en defensa de los más débiles, algunos límites a la autonomía de las partes que deciden las condiciones de trabajo, y asegurando en todo caso un mínimo vital al trabajador en paro.  (Centesimusannus, n.15)

martes, 26 de enero de 2016

La relación entre desarrollo y derechos del hombre



“Hoy, quizás más que antes, se percibe con mayor claridad la contradicción intrínseca de un desarrollo que fuera solamente económico.  Este subordina fácilmente a la persona humana y sus necesidades más profundas a las exigencias de la planificación económica o de la ganancia exclusiva.

La conexión intrínseca entre desarrollo auténtico y respeto de los derechos del hombre, demuestra una vez más su carácter moral: la verdadera elevación del hombre, conforme a la vocación natural e histórica de cada uno, no se alcanza explotando solamente la abundancia de bienes y servicios, o disponiendo de infraestructuras perfectas.


Cuando los individuos y las comunidades no ven rigurosamente respetadas las exigencias morales, culturales y espirituales fundadas sobre la dignidad de la persona y sobre la identidad propia de cada comunidad, comenzando por la familia y las sociedades religiosas, todo lo demás – disponibilidad de bienes, abundancia de recursos técnicos aplicados a la vida diaria, un cierto nivel de bienestar material – resultará insatisfactorio, y a la larga, despreciable. Lo dice claramente el Señor en el Evangelio, llamando la atención de todos sobre la verdadera jerarquía de valores: «¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?» (Mt 16,26) Sollicitudo rei socialis, n.33

sábado, 23 de enero de 2016

Las tres encíclicas sociales de Juan Pablo II según Luigi Accattoli (2 de 2)

(Juan Pablo II con Lech Walesa)


“La Laborem exercens se convierte pronto en instrumento de lucha en manos de los sindicatos católicos en América Latina y en Polonia. El congreso de Solidarnosc elogió – el mismo día de su publicación, 16 de septiembre de 1981 – el enfoque «personalístico» y las etapas para la participación de los trabajadores en la gestión de las empreas.

Las otras dos encíclicas se leen juntas, porque Juan Pablo II ubicó la segunda – a distancia de tres años de la primera para completar su mensaje, actualizándola a la nueva situación creada con la caída del comunismo. La Sollicitudo rei socialis se  opone tanto al capitalismo como al comunismo y reclama una «corrección radical» de los dos sistemas; la Centesimus annus– ya debilitado el comunismo – se limita a proponer la corrección del capitalismo. En ella Juan Pablo II habla de la «positividad del mercado y de la empresa» siempre que estén «orientados hacia el bien común». Pero aclara que aquella orientación, en la etapa actual de «mundialización de la economía », aún no se da y sólo puede obtenerse mediante la «lucha».

En el n. 19 de la Centesimus annus el Papa sostiene que el capitalismo «converge» con el totalitarismo comunista al «rebajar al hombre a la esfera de lo económico» cada vez que «niega la existencia autónoma y valor a la moral y al derecho, a la cultura y a la religión». Es esta, pues, la conclusión: el capitalismo podrá ser propuesto al Estado y al tercer mundo, si la «lucha» por corregirlo logra «encuadrar» su «libertad económica» en un «sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad humana integral». De otra manera, los riesgos y los daños serían enormes.

La Centesimus annus señaló, por primera vez en la historia, como podría conformarse el anticapitalismo teóricamente profesado por los Papas. Y con el triunfo del Occidente ha vuelto a proponer a la Iglesia católica como única voz activamente anticapitalista en la escena mundial.

La actitud crítica frente al capitalismo se articulará en los albores del 2000, como crítica del proceso de globalización.  «La Iglesia seguirá colaborando con todas las personas de buena voluntad para asegurar que en este proceso triunfe la humanidad entera, y no sòlo una élite rica que controla la ciencia, la tecnología, la comunicación y los recursos  del planeta en detrimento de la gran mayoría de sus habitantes (27 de abril de 20001, discurso a la Academia Pontifica de ciencias Sociales).”


Luigi Accattoli: “La audacia de la misión en la opción por los pobres” publicado en Totus Tuus Nr 2 Mar/abr 2009

jueves, 21 de enero de 2016

Las tres encíclicas sociales de Juan Pablo II según Luigi Accattoli (1 de 2)


“La  doctrina social de Juan Pablo II podríamos sintetizarla en este lema: «He hecho y hago mía la opción por los pobres, me identifico con ella» (a la Curia, 21 de diciembre de 1984). En cuanto a la motivación subjetiva e esta opción, el Papa, que en su juventud conoció bien el trabajo manual, se expreso así en una entrevista: «He visto lo que significa la explotación y me puse de inmediato del lado de los pobres, desheredados, oprimidos, marginados e indefensos» (2 de noviembre de 1993). En sus encuentros con los obreros recordaba a menudo su experiencia en la cantera: «He sido obrero durante más de cuatro años y para mí aquellos años me han valió más que dos doctorados», confesó a los obreros de Pomezia (Roma) el 14 de diciembre de 1979.

Haber conocido de cerca el mundo del trabajo dio mucha fuerza tanto a sus discursos como a su magisterio social. Cuando se trababa de reivindicar el derecho al trabajo, era mas valiente que los sindicatos italianos – o de cualquier otro país donde se encontrase hablando – y les pedía que agudizasen la lucha: «Me permito proponerles a las organizaciones sindicales el gran objetivo de la ocupación para todos.» (Prato, 19 de marzo de 1986)

Juan Pablo II escribió tres encíclicas sobre la cuestión social: Laborem excercens (1981) al inicio del pontificado, Sollicitudo rei socialis (1988) y Centesimus annus (1991) en medio del colapso del comunismo.  Los documentos sociales de Juan XXIII y Pablo VI ponen el acento sobre la crítica al mundo capitalista y el ofrecimiento de solidaridad a los trabajadores por parte de la Iglesia”.


Luigi Accattoli: “La audacia de la misión en la opción por los pobres” publicado en Totus Tuus Nr 2 Mar/abr 2009

martes, 19 de enero de 2016

Wadowice ese lugar tan caro a mi corazón


Viajando espiritualmente con los jóvenes que se preparan para la JMJ en Cracovia mis recuerdos  vuelan inevitablemente a la ciudad “donde todo empezó”, a esa pequeña ciudad/pueblo  de Wadowice, con  un aire tan especial de majestuosidad sencilla e indescriptible pero presente en  todos los rincones, aun en los mas pequeños,  por  haber sido la  ciudad natal del primer papa polaco. A ese pequeño apartamento donde vivió Karol,   apartamento alquilado a una familia judía, allí en el primer piso de una casa vis a vis a la  iglesia parroquial de Wadowice. Allí donde desde sus ventanas (casi todas ellas daban hacia la  pequeña callecita que separa al edificio de la iglesia) Karol tocaba el cielo con sus manos observando ese reloj  con la leyenda “el tiempo pasa, la eternidad espera…..” Veo a un pequeño niño que sale corriendo para no llegar tarde a su comprometido oficio de monaguillo, hacia la escuela tan cercana donde compartía clases y juegos con niños católicos y judíos, al campo de juego para cumplir su rol de portero en los partidos de futbol, a sus encuentros con sus amistades, a su compromiso con su tan amado teatro.
En Wadowice el lugar donde quizás más se respire el aire, la vida y el legado de Karol Wojtyla/Juan Pablo II es su parroquia natal: la Basílica de la Consagración de la Santísima Virgen (anteriormente de todos los Santos).
Restaurada y refaccionada maravillosamente por el año 2000 recuerda también su historia: construida  en estilo barroco tardío obra del maestro Franciszek Sosna y consagrada por el obispo Andrzej Rawa-Gawronski en 1808, la iglesia quedo dañada por una bomba en enero de 1945 y fue restaurada parcialmente entre 1945 y 1947. Finalmente el 25 de marzo de 1992 el papa Juan Pablo II le otorgó  la categoría de Basílica Menor.  Luego de varias modificaciones adicionales entre los años 2002 y 2003 se llevaron a cabo los maravillosos trabajos en el cielorraso que expresan las enseñanzas del Papa Juan Pablo II (encíclicas).  Policromia que fue consagrada por el cardenal Franciszek Macharski el 24 de abril de 2003. Realmente son trabajos que invitan mirar hacia arriba y quedarse observando boquiabierto el trabajo realizado. A mi personalmente me impactaron.

El altar principal alberga la patrona del templo la Virgen con el Niño. Las dos capillas laterales están dedicadas una a la Santa Cruz y la otra a la Sagrada Familia que alberga  la pila bautismal donde el 20 de junio de 1920 el sacerdote Franciszek Zak bautizara al niño Karol Jozef Wojtyla

La iglesia invita además a visitar  dos lugares  que nos recuerdan directamente a  su hijo y peregrino predilecto Karol Wojtyla/Juan Pablo II:
La capilla de la Virgen del Perpetuo Socorro en la nave norte y
El altar dedicado al santo de Wadowice.

Caminar por Wadowice es encontrarlo a Karol a cada paso, es soñar con un pequeño niño convertido en pastor de la iglesia universal, en el santo patrono de los jóvenes, en una vida de confianza plena y entrega al Señor  por medio de su Santa Madre la Virgen Maria, recordando a cada paso su Totus Tuus!!  Es también recordar el amor entrañable y profundo de un hombre a su patria tan querida que nunca olvidó y que acompaño en todo momento desde su otro hogar en su Roma tan querida.