Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

lunes, 29 de junio de 2015

Sean ricos en humanidad

“He querido venir aquí precisamente porque se trata de una zona pobre, para que tuvierais la oportunidad – como justo derecho - de estar con el Papa. El ve en vosotros una presencia más viva del Señor, que sufre en los hermanos más necesitados, que sigue proclamando bienaventurados a los pobres de espíritu, a quienes padecen por la justicia y son puros de corazón, trabajan por la paz, son compasivos y mantienen la esperanza en el Cristo Salvador.
Pero al invitaros a cultivar esos valores espirituales y evangélicos, deseo haceros pensar en vuestra dignidad de hombres y de hijos de Dios. Quiero alentaros a ser ricos en humanidad, en amor a la familia, en solidaridad con los demás. A la vez, os animo a desarrollar cada vez más las posibilidades que tenéis de lograr una mayor dignificación humana y cristiana.”


Si habéis encontrado a Cristo, vivid a Cristo, vivid con Cristo





“Sucede a veces que nuestra sintonía de fe con Jesús permanece débil o se hace tenue –cosa que el pueblo fiel nota enseguida, contagiándose por ello de tristeza - porque lo llevamos dentro, sí, pero confundido a la vez con nuestras propensiones y razonamientos humanos (cf ib., 15) sin hacer brillar toda la grandiosa luz que El encierra para nosotros…”.
“…Una cosa es clara… la fe en Cristo resucitado no es resultado de un saber técnico o fruto de un bagaje científico (cf. 1Co 1, 26). Lo que se nos pide es que anunciemos la muerte de Jesús y proclamemos su resurrección (S. Liturgia). Jesús vive.”

“…Si habéis encontrado pues a Cristo, ¡vivid a Cristo, vivid con Cristo! Y anunciadlo en primera persona, como auténticos testigos: “para mí la vida es Cristo” (Flp 1, 21)…”.



“…Es preciso que los hombres vean en nosotros a los dispensadores de los misterios de Dios (cf. 1Co 4, 1), testigos creíbles de su presencia en el mundo. Pensemos frecuentemente que Dios no nos pide, al llamarnos, parte de nuestra persona, sino toda nuestra persona y energías vitales, para anunciar a los hombres la alegría y la paz de la nueva vida en Cristo y guiarlos a su encuentro. Para ello sea nuestro afán primero buscar al Señor, y una vez encontrado, comprobar dónde y cómo vive, quedándonos con El todo el día (cf. Jn 1, 39). Quedándonos con El de manera especial en la Eucaristía, donde Cristo se nos da, y en la oración, mediante la cual nos damos a El”

sábado, 27 de junio de 2015

Nuestra señora del Perpetuo Socorro

Hoy se celebra la fiesta litúrgica de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, patrona de los misioneros redentoristas . El icono original está en el altar mayor de la Iglesia de San Alfonso, muy cerca de la Basílica de Santa Maria la Mayor en Roma. Los redentoristas abren hoy las celebraciones del 150º aniversario de la entrega de la imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro a la Congregación del Santísimo Redentor (redentoristas) por parte del Beato Papa Pìo IX, con la intención de darla a conocer al mundo entero. Las celebraciones culminaran el 27 de julio de 2016. En la página de Corazones Org podemos leer una detallada historia de esta imagen original y de la devoción a Nuestra Señora. 


Esta imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro también se venera en la Basílica menor en honor a la Presentación de la Santísima Virgen,  iglesia parroquial de Karol Wojtyla, cuyos orígenes datan de 1325.  El Papa Juan Pablo II en su viaje apostólico de 1999 también visitaba su pueblo natal.   En esa ocasión con profunda emoción,  pues no solo visitaba sus orígenes, su gente y sus lugares, sino que también coronaba la tan querida imagen de Ntra. Señora expresaba “con veneración beso también el umbral de la casa de Dios, de la iglesia parroquial de Wadowice, y en ella el baptisterio, en el que fui injertado a Cristo y acogido en la comunidad de la Iglesia.”  Después dirigía sus pasos “a la capilla de la Santa Cruz, para contemplar nuevamente el rostro de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en su imagen de Wadowice. Lo hago con una alegría particularmente grande hoy porque tengo la posibilidad de coronar esta imagen, como signo de nuestro amor a la Madre del Salvador y a su Hijo divino. Es un signo muy elocuente sobre todo porque, como me han dicho, estas coronas han sido confeccionadas con vuestras joyas, algunas muy valiosas, que están unidas a un recuerdo particular, a alguna circunstancia especial, a pruebas o a nobilísimos sentimientos familiares, de esposos o novios. Y a ese regalo material habéis añadido el don del espíritu, la oración de consagración a la Madre de Cristo que visitó vuestras casas. Estad seguros de que vuestro amor ardiente a María nunca quedará sin recompensa. Precisamente este vínculo recíproco de amor es, en cierto sentido, portador de gracias y prenda de una ayuda incesante, que, por obra de María, recibimos de su Hijo divino.

Invito leer la homilía completadel Papa Juan Pablo II donde recuerda con mucho afecto lugares, personas y costumbres de su querido pueblo.

viernes, 26 de junio de 2015

Escuela eucarística de la caridad

“Queridos amigos, si aprendéis a descubrir a Jesús en la Eucaristía, lo sabréis descubrir también en vuestros hermanos y hermanas, sobre todo en los más pobres. La Eucaristía recibida con amor y adorada con fervor es escuela de libertad y de caridad para realizar el mandamiento del amor. Jesús nos habla el lenguaje maravilloso del don de sí mismo y del amor hasta el sacrificio de la propia vida. ¿Es un discurso fácil? Bien sabéis que no. El olvido de sí no es fácil; éste aleja del amor posesivo y narcisista para abrir al hombre al gozo del amor que se dona. Esta escuela eucarística de libertad y de caridad enseña a superar las emociones superficiales para radicarse firmemente en lo que es verdadero y bueno; libra del encerrarse en uno mismo y prepara para abrirse a los demás, enseña a pasar de un amor afectivo a un amor efectivo. Porque amar no es sólo un sentimiento; es un acto de voluntad que consiste en preferir de manera constante, por encima del propio el bien, el bien de los demás: “Nadie tiene mayor amor, que el que da su vida por sus amigos” (Jn 15,13).

Con esta libertad interior y con esta ardiente caridad es como Jesús nos educa para encontrarlo en los demás, sobre todo en el rostro desfigurado del pobre. A la beata Teresa de Calcuta le gustaba distribuir su “tarjeta de visita” sobre la que estaba escrito: “Fruto del silencio es la oración; fruto de la oración, la fe; fruto de la fe, el amor; fruto del amor, el servicio; fruto del servicio, la paz”. Éste es el camino del encuentro con Jesús. Id al encuentro de todos los sufrimientos humanos con la fuerza de vuestra generosidad y con el amor que Dios infunde en vuestros corazones por medio del Espíritu Santo: “En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25,40). El mundo tiene necesidad urgente del gran signo profético de la caridad fraterna. No es suficiente “hablar” de Jesús; en cierto modo hay que hacerlo “ver” con el testimonio elocuente de la propia vida (cfr. Novo millennio ineunte, 16).”


lunes, 22 de junio de 2015

Historia de Karol – la puerta del arzobispado abierta a todos (2de 2)

“En realidad, la forma que el arzobispo Wojtyla emplea su tiempo prefigura la de Juan Pablo II.  Principio general, heredado del padre: el tiempo es un don, no debe desperdiciarse ni una migaja. Consecuencia: sus días están increíblemente planificados, a veces al minuto. (…) Invitado a menudo a cenar, el arzobispo regresa a veces tarde a su apartamento privado en el primer piso del palacio arzobispal.
El apartamento se compone de un pequeño ingreso, un despacho y un minúsculo dormitorio, con un modesto mobiliario que incluye una cama individual, cubierta por una frazada lisa y un cojín decorado con motivos folklóricos; una lámpara de plástico sobre el cabecero, de donde cuelga el dable con el interruptor; una mesilla y sobre ella un rosario, un termo y un vaso. Al lado de la cama, sobre el piso de madera un par de zapatos negros y unas viejas zapatillas de color indefinido. En la pared, una Virgen del Renacimiento y un paisaje polaco invernal de poco valor, con el cuadro de las ovejas que adornaba su viejo apartamento en via Kanonicza.
Sobre el sencillo escritorio, de barniz algo saltado, hay solo una lámpara con una pantalla común, una foto de Pablo VI y un tintero con una estilográfica (cargada con tinta negra), un lapicero (verde), una goma redonda y chata, clips para papel y una pequeña caja de cartulina conteniendo tarjetas de visita. (…) Y esto es todo lo que posee el sucesor del príncipe Sapieha, quien nunca hubiese dormido en una habitación que no fuese la más preciada del palacio; otros tiempos, otras usanzas. Otra personalidad, también. Pobre fue el cura Wojtyla, pobre será el arzobispo, el cardenal y finalmente el papa. Hábitos raídos, un sombrero viejo, un sobretodo gastado. Como siempre, no se preocupa mucho de su comodidad personal (…).

Circulan anécdotas que enriquecerían una hagiografía digna del cura de Ars. Se cuenta que un día, cuando aún vivía en via Kanonicza, un pobre fue a pedir una limosna. Las religiosas Marysia y Emilia, que administraban la casa, lo alejaron: «no tenemos nada más». EL obispo, enfurecido, protestó: «nada más?» abrió el armario y mostró sus caminas: «Ésta! Aquella!». Las religiosas, regañando, le entregaron las camisas al pobre.
De todas maneras, impresiona el contraste entre la vida que lleva el nuevo arzobispo de Cracovia y el lujo y los oros de «su» catedral en el castillo del Wawel. Tampoco los tesoros artísticos, custodiados en el palacio arzobispal después d ela guerra, le interesan al nuevo patrón de la casa. Karol Wojtyla no se ha sentido inclinado al arte, ni lo estará jamás. Filósofo y poeta, es decididamente un pastor, no un esteta.
Pastor y modelo de devoción. Después de las 11 de la noche, en la calle Franciszkanska, la vida parece detenerse. Los corredores están desiertos, la gran escalera en silencio. Solo una luz se filtra por la puerta de la capilla: el arzobispo está rezando.”

Bernard Lecomte: Giovanni Paolo II – la biografía, Baldini Castaldi Dalai editore, 2004


viernes, 19 de junio de 2015

Historia de Karol – la puerta del arzobispado abierta a todos (1 de 2)


Calle Franciszkanska, n.3. Un edificio sin mayores pretensiones, color amarillo ocre, de dos pisos, parecido a muchos otros en la vieja ciudad de Cracovia. Un portón negro pesado da acceso a un pórtico bajo el cual, a la izquierda, está el ingreso a la Curia metropolitana. A la derecha, una galería conduce a una doble puerta y allí detrás una gran escalera de piedra con escalones gastados lleva a los pisos superiores. Sobre las paredes, inmensos retratos de todos los predecesores de Karol Wojtyla (….)
En el primer piso, frente a la escalera la capilla, cuyas paredes serán después revestidas de una especie de mármol tono marfil. De la época de Wojtyla quedara solo el cielorraso artesonado rojo oscuro, verde profundo y azul noche. En la capilla donde está su reclinatorio, el arzobispo inicia la jornada invariablemente a las 5.30, hora en que fuera el primer tranvía va despertando los barrios con su chirriante sonido metálico.
El arzobispo Wojtyla ha sido, y seguirá siendo, un hombre de oración.
Todos los días pasa muchas horas en la capilla, donde llega antes del amanecer para recobrar fuerzas, buscar inspiración y preparar la jornada. Es allí donde, a las 7, celebra la santa Misa en presencia de algunas religiosas o de algún colaborador (….)
A las 8 regresa al palacio para el desayuno preparado por las religiosas (queso fresco, huevos duros y leche). Pero el arzobispo no se demora y va rápidamente a recluirse a la capilla. A la izquierda del altar ha hecho colocar un atril especial, con un entrepaño plegable, de madera, junto a una silla y a un reclinatorio. Así puede arrodillarse y meditar o sentarse para leer o escribir. Cerca se ha colocado una estufa y una lámpara de pie. Todo calculado. En poco fanático el arzobispo quien, para asegurase que no le molesten, cierra la puerta de la capilla con llave.
En aquel lugar, inmerso en el silencio, escribe delante del Santísimo Sacramento no solo homilías y cartas pastorales, comunicados episcopales. A las 11, el arzobispo sale de la capilla y se dirige a las salas del edificio donde suele recibir (…)
La puerta del salón del arzobispo Wojtyla está abierta a todos. Recibe a quien lo solicite, y para verlo a veces se forma una fila que implica más de dos horas.  Todo parroquiano de Cracovia sabe que puede encontrar al arzobispo sin previo aviso para presentarle cualquier problema personal (…)
A las 13.30 la fila llega a su término y el arzobispo se sienta a la mesa, no sin antes haber invitado al último visitante a compartir el almuerzo con él (…)
Terminado el almuerzo, diez minutos de siesta – en el sillón, para evitar un sueño profundo – solo entonces, después de un rápido repaso con el secretario sobre los temas del día, Wojtyla se concede un breve paseo (…)

Después inicia el maratón diario de visitas en las parroquias y  ceremonias en los cuatro puntos de la región (…)

Bernard Lecomte: Giovanni Paolo II - La biografia (Baldini Castaldi Dalai editore, 2004)

jueves, 18 de junio de 2015

Wojtyla en el Angelicum y en Francia


Wojtyla fue ordenado sacerdote por el cardenal Sapieha el 1ro de noviembre de 1946, y celebró su primera Misa el 3 de noviembre en la iglesia parroquial de San Stanislaw Kostka en Debniki.   De inmediato fue inscripto en el Angelicum, la facultad de teología de los dominicos en Roma, para su doctorado en teología.  Obtuvo su doctorado en junio de 1948 sobre el tema de la fe en el pensamiento de San Juan de la Cruz. Entre sus maestros del Angelicum estaban Massimiliano de Furstenberg, Mario Ciappi y Pierre-Paul Philippe,  con quienes el joven Wojtyla elaboró su tesis.  Pero la gran personalidad que entonces dominaba la facultad era el padre Reginald Garrigou-Lagrange, autoridad incontrovertible tanto en teología y filosofía tomistas,  y atento estudioso de San Juan de la Cruz. Wojtyla recibió de Garrigou-Lagrange un riguroso entrenamiento en la forma más tradicional del tomismo. Pero leyendo cuidadosamente su tesis doctoral podemos notar que desde que comenzara su estudio de filosofía sentía afinidad por una variedad de interpretaciones diversas del tomismo. En la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica, por ejemplo, se esforzaban por  lograr una reconciliación entre  tomismo y pensamiento moderno (particularmente el de Kant).  En Francia, Maritain y Gilson le otorgaban al tomismo una dimensión existencial sosteniendo que las principales contribuciones filosofícas de Tomas eran la distinción entre esencia y existencia y su legitimación de una cierta intuición eidética en la interpretación del proceso de abstracción.(*) Estas últimas percepciones se verían reforzadas cuando, poco tiempo después de haber completado su doctorado, Wojtyla partió a Francia para estudiar la vida y métodos pastorales de la Juventud Obrera Católica.  Es probable que entonces también haya establecido estrechos contactos con el tomismo existencial en aquellos años pues encontramos abundantes rastros en su pensamiento. La influencia de Garrigou-Lagrange, no obstante fue significativa. Podría observarse de hecho que los trabajos de Wojtyla no toman posición directa y clara en las controversias intelectuales que recorren el pensamiento católico; el se limita a indicaciones y sugerencias dentro de una exploración auténticamente personal que eventualmente confluirá hacia una construcción original.

En un articulo donde habla de su experiencia enFrancia (“Mission de France”) 
Wojtyla nos brinda preciosa documentación de su situación espiritual al comenzar su misión sacerdotal y además también de su creatividad intelectual.   Como todos los polacos  sentía gran admiración por la proudcciòn intelectual del catolicismo francés. Precisamente por esa razón, quedo profundamente afectado al descubrir que Francia era solo nominalmente católica. Como era posible? Que podía hacerse?  Lo más necesario, razonaba Wojtyla, era que las riquezas de la fe debian convertirse en actitudes de vida, dándole forma a una actitud fundamental hacia la existencia.   La roca ante la cual la Iglesia francesa arriesgaba hundirse era la unidad entre cultura y vida.  Por lo tanto se presentaba la necesidad de un nuevo estilo de presencia sacerdotal y laica en el mundo.  En Polonia esta presencia alejaría a las masas de la apostasía; en Francia debia regresar a la gente a la fe.
Sería arriesgado sugerir que en estas notas Wojtyla ya formulaba los conceptos fundamentales que elaboraría en su interpretación del Concilio: como por ejemplo el concepto de auto realización de la Iglesia o el concepto del enriquecimiento de la fe. Sin embargo no caben dudas que su experiencia en Francia contribuyó a las reflexiones que más tarde le llevaría a estas conclusiones.”



 (*) Es de notar que la objeción principal que el padre Garrigou-Lagrange le hiciera al trabajo de Wojtyla se refería al hecho que él rehusara utilizar el termino Objeto en relación a Dios. Garrigou Lagrange acompañó la tesis como correlator, e hizo muchas otras observaciones que están incluidas en la edición italiana del apéndice.

Rocco Buttiglione: The thought of the man who became Pope John Paul II -Wiliam B. Erdmans Publishing Co., 1997, pag. 34/35