Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

martes, 26 de julio de 2016

Juan Pablo II: La juventud como «crecimiento»


“Permitidme que termine esta parte de mis consideraciones recordando las palabras con las que el Evangelio habla de la juventud misma de Jesús de Nazaret. Éstas son breves, aunque abarcan el período de treinta años transcurridos por Él en el hogar familiar, al lado de María y José, el carpintero. El evangelista Lucas escribe: «Jesús crecía (o progresaba) en sabiduría y edad y gracia ante Dios y ante los hombres» (Lc 2, 52).
Así pues, la juventud es un «crecimiento». A la luz de todo lo que se ha dicho hasta ahora sobre este tema, tal palabra evangélica parece ser particularmente sintética y sugestiva. El crecimiento «en edad» se refiere a la relación natural del hombre con el tiempo; este crecimiento es como una etapa «ascendente» en el conjunto del pasar humano. A este corresponde todo el desarrollo psicofísico; es el crecimiento de todas las energías, por medio de las cuales se constituyela normal individualidad. Pero es necesario que a este proceso corresponda el crecimiento «en sabiduría y en gracia».
A todos vosotros, queridos jóvenes amigos, deseo precisamente tal «crecimiento». Puede decirse que por medio de éste la juventud es precisamente la juventud. De este modo ella adquiere su característica propia e irrepetible. De este modo ella llega a cada uno y a cada una de vosotros, en la experiencia personal y a la vez comunitaria, como un valor especial. Y de manera parecida, ella se consolida también en la experiencia de los hombres adultos, que ya tienen la juventud detrás de sí, y que de la etapa «ascendente» van pasando a la «descendente» haciendo el balance global de la vida.
Conviene que la juventud sea un «crecimiento» que lleve consigo la acumulación gradual de todo lo que es verdadero, bueno y bello, incluso cuando ella esté unida «desde fuera» a los sufrimientos, a la pérdida de personas queridas y a toda la experiencia del mal, que incesantemente se hace sentir en el mundo en que vivimos.
Es necesario que la juventud sea un «crecimiento». Para ello es de enorme importancia el contacto con el mundo visible, con la naturaleza. Esta relación nos enriquece durante la juventud de modo distinto al de la ciencia sobre el mundo «sacada de los libros». Non enriquece de manera directa. Se podría decir que, permaneciendo en contacto con la naturaleza, nosotros asumimos en nuestra existencia humana el misterio mismo de la creación, que se abre ante nosotros con inaudita riqueza y variedad de seres visibles y al mismo tiempo invita constantemente hacia lo que está escondido, que es invisible. La sabiduría –ya sea por boca de los libros inspirados (cf. por ej. Sal 104 [103]; 19 [18]; Sab13, 1-9; 7. 15-20) como por el testimonio de muchas mentes geniales– parece poner en evidencia de diversos modos «la transparencia del mundo». Es bueno para el hombre leer en este libro admirable, que es el «libro de naturaleza», abierto de par en par para cada uno de nosotros. Lo que una mente joven y un corazón joven leen en él parece estarsincronizado profundamente con la exhortación a la Sabiduría: «Adquiere la sabiduría, compra la inteligencia... No la abandones y te guardará; ámala y ella te custodiará» (Prov 4, 5 s.).
El hombre actual, especialmente en el ámbito de la civilización técnica e industrial altamente desarrollada, ha llegado a ser en gran escala el explorador de la naturaleza, tratándola no pocas veces de manera utilitaria, destruyendo así muchas de sus riquezas y atractivos y contaminando el ambiente natural de su existencia terrena. La naturaleza, en cambio, ha sido dada al hombre como objeto de admiración y contemplación, como un gran espejo del mundo. Se refleja en ella la alianza del Creador con su criatura, cuyo centro ya desde el principio se encuentra en el hombre, creado directamente «a imagen» de su Creador.
Por esto deseo también a vosotros, jóvenes, que vuestro crecimiento «en edad y sabiduría» tenga 1ugar mediante el contacto con la naturaleza. ¡Buscad tiempo para ello! ¡No lo escatiméis! Aceptad también la fatiga y el esfuerzo que este contacto supone a veces, especialmente cuando deseamos alcanzar objetivos particularmente importantes. Esta fatiga es creativa, y constituye a la vez el elemento de un sano descanso que es necesario, igual que el estudio y el trabajo.
Esta fatiga y este esfuerzo poseen también su calificación bíblica, especialmente en San Pablo, que compara toda la vida cristiana a una competición en el estadio deportivo (Cf. 1Cor 9, 24-27).
A cada una y a cada uno de vosotros son necesarios esta fatiga y este esfuerzo, en los que no sólo se templa el cuerpo, sino que el hombre entero prueba el gozo de dominarse y de superar los obstáculos y resistencias. Ciertamente, éste es uno de los elementos del «crecimiento» que caracteriza a la juventud.
Os deseo, también, que este «crecimiento» tenga lugar a través del contacto con las obras del hombre y, más aún, con los hombres vivos. ¡Cuántas son las obras que los hombres han realizado en la historia! ¡Cuán grande es su riqueza y variedad! La juventud parece ser particularmente sensible a la verdad, al bien y a la belleza, que están contenidas en las obras del hombre. Permaneciendo en contacto con ellas en el terreno de tantas culturas diversas, de tantas artes y ciencias, nosotros aprendemos la verdad sobre el hombre (expresada tan sugestivamente también en el Salmo 8), la verdad que es capaz de formar y de profundizar la humanidad de cada uno de nosotros.
De manera particular, sin embargo, estudiamos al hombre teniendo relaciones con los hombres. Conviene que la juventud os permita crecer «en sabiduría» mediante este contacto. Éste es, en efecto, el tiempo en que se establecen nuevos contactos, compañías y amistades, en un ámbito más amplio que el de la familia. Se abre el gran campo de la experiencia, que posee no sólo una importancia cognoscitiva, sino al mismo tiempo educativa y ética. Toda esta experiencia de la juventud será útil, cuando produzca en cada uno y cada una de vosotros también el sentido crítico y, ante todo, la capacidad de discernimiento en todo aquello que es humano. Feliz será esta experiencia de la juventud, si gradualmente aprendéis de ella aquella esencial verdad sobre el hombre –sobre cada hombre y sobre uno mismo– la verdad que es sintetizada así en el insigne texto de la Constitución pastoral Gaudium et spes: «El hombre, única criatura terrestre a la que Dios ha amado por sí misma, no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás» (Gaudium et spes, 24).
Así aprendemos a conocer a los hombres para ser más plenamente hombres mediante la capacidad de «darse», de serhombre «para los demás». Esta verdad sobre el hombre –esta antropología– encuentra su culmen inalcanzable en Jesús de Nazaret. Por esto es tan importante también su adolescencia, mientras «crecía en sabiduría... y gracia ante Dios y ante los hombres».
Os deseo este «crecimiento» mediante el contacto con Dios. Puede ayudar para ello –indirectamente– también el contacto con la naturaleza y con los hombres; pero de modo directo ayuda en ello especialmente la oración. ¡Orad y aprended a orar! Abrid vuestros corazones y vuestras conciencias ante Aquél que os conoce mejor que vosotros mismos. ¡Hablad con Él! Profundizad en la Palabra del Dios vivo, leyendo y meditando la Sagrada Escritura.
Estos son los métodos y medios para acercarse a Dios y tener contacto con Él. Recordad que se trata de una relación recíproca. Dios responde también con la más «gratuita entrega de sí mismo», don que en el lenguaje bíblico se llama «gracia». ¡Tratad de vivir en gracia de Dios!

Esto por lo que se refiere al tema del «crecimiento», del que escribo señalando solamente los principales problemas; cada uno de ellos es susceptible de una discusión más amplia. Espero que esto tenga lugar en los diversos ambientes juveniles y grupos, en los movimientos y en las organizaciones, que son tan numerosas en los distintos países y en cada continente, mientras cada uno es guiado por su propio método de trabajo espiritual y de apostolado. Estos organismos, con la participación de los Pastores de la Iglesia, desean indicar a los jóvenes el camino de aquel «crecimiento» que constituye, en cierto sentido, la definición evangélica de la juventud.”

JMJ 2016 Cracovia inauguración oficial en el Parque Blonia




Después de tres años de la última JMJ en Rio cuando se anunciara que la próxima JMJ seria en Cracovia hoy comenzó el programa oficial conjunto de todos los grupos que ya se encontraban en Polonia participando de las pre jornadas. 

Hoy comienza oficialmente esta aventura maravillosa de otra JMJ instalada en el calendario juvenil y eclesial por San Juan Pablo II, quien intuyó que es posible entusiasmar a los jóvenes por Cristo, invitarles a seguir sus huellas,  invitarlos a confiar en su Santa Madre Maria,  tal como él lo hacía. Sobre un altar presidido por una imagen gigante de Jesus Misericordioso, las reliquias de San Juan Pablo II y Santa Faustina, 



un cuadro del joven Pier Giorgio Frassatti, la Cruz de las Jornadas y el cuadro de Maria Salus Populi Romani  el cardenal Stanislaw Dziwisz celebró la Misa de bienvenida dedicada al sacerdote Jacques Hamel, asesinado en Francia esta mañana en un atentado perpetrado por dos terroristas del ISIS que asaltaron la iglesia de St. Etienne de Rouvray durante la celebración de la Misa.

En su homilía  el Arzobispo de Cracovia recordó al Papa Juan Pablo II porque “es aquí donde creció en su servicio a la Iglesia y es aquí desde donde salió a los caminos del mundo a predicar el Evangelio de Jesucristo”.  Invito a los jóvenes a plantearse tres preguntas y buscar las respuestas:   De donde venimos? Donde estamos hoy, en este momento de nuestra vida? Y Dónde vamos air y que vamos a llevar con nosotros?  
Anticipando ya un poco el mensaje a llevar a sus casas el cardenal Dziwisz  invito a los jóvenes a llevar la llama de la misericordia y recordarle a todo el mundo que son “bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia” (Mt. 5,7). Lleven la llama de la misericordia y con ella enciendan otras llamas, que los corazones de los hombres latan al ritmo del Corazón de Jesús, “un horno ardiente de amor”. Que la llama del amor inunde nuestro mundo y haga desaparecer el egoísmo, la violencia y la injusticia. Que nuestro mundo sea conquistado por la civilización del bien, de la reconciliación, de la paz y del amor.

El papa Francisco llegará mañana y aquí tenemos el programa oficial para mañana miércoles. El resto invito verlo en la página oficial de la Santa Sede.   Desde allí también es posible seguir las ceremonias en vivo;  también desde el sitio oficial de la JMJ y Aciprensa, entre otros.  
   

Programa del Papa Francisco Miércoles 27 de julio de 2016 

14.00
Salida del Papa Francisco aeropuerto de Roma/Fiumicino hacia Cracovia

16.00
Llegada al aeropuerto internacional “San Juan Pablo II” de Cracovia-Balice


Ceremonia de acogida en la zona militar del aeropuerto internacional de Cracovia-Balice

17.00
Encuentro con las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático en el patio de honor del Castillo de Wawel


17.40
Visita de cortesía al Presidente de la República en el Salón de los Pájaros del Castillo de Wawel

18.30
Encuentro con los obispos polacos en la Catedral de Cracovia

JMJ 2016 entrevista cardenal Dziwisz – Cada uno encuentra en la vida una dimensión


Domenico Agasso Jr entrevisto al cardenal Stanislaw Dziwisz para Vatican Insider acerca de la JMJ 2016. Reproduzco aquí algunos párrafos de la entrevista,  invito leer el resto directamente en el  sitio web de Vatican Insider. 

Eminencia, la Jornada Mundial de la Juventud está a la vuelta de la esquina: ¿qué espera de los días que se vivirán en Cracovia?

Estoy seguro de que la JMJ de Cracovia será una experiencia inolvidable para muchísimos jóvenes que vendrán de todo el mundo. Tengo muchas esperanzas en esta JMJ en la ciudad de San Juan Pablo II y de Santa Faustina: pido al Señor que el mensaje de la misericordia divina llegue profundamente a las almas de muchos chicos, tanto católicos practicantes (y que ciertamente se pueden acercar más a Jesús), como entre los que todavía no conocen la fe, para que puedan experimentar en estos días la gracia divina y comenzar un camino cristiano que los lleve a la felicidad.
En particular, espero que los frutos espirituales de la JMJ sean particularmente abundantes en los jóvenes de Cracovia. Ellos serán los anfitriones de sus coetáneos, y esto implica un trabajo generoso de preparación, de dedicación a los demás. ¡Pero esto siempre es premiado por Dios! Entonces, espero que muchos jóvenes se hagan una pregunta vocacional en estos días, y, si el Señor les pide que lo sigan, que le digan que sí. Espero, pues, que la JMJ sea un momento importante para la renovación espiritual de Cracovia, de Polonia y de la juventud de todo el mundo.

¿Cómo describiría el Pontificado de Papa Francisco? ¿Se puede relacionar directamente con el de Juan Pablo II? ¿En cuáles aspectos?

El Pontificado de Francisco es motivo de gran alegría y de gracia para todos. Es evidente que el Señor nos manda muchos dones a través del ejemplo del Papa con su magisterio. Todos nos sentimos impulsados a hacer más, a seguir a Cristo más cerca cada día. Este Pontificado está relacionado indisolublemente con el de Papa Benedicto XVI y con el de San Juan Pablo. Se ve en muchas cosas, sobre todo en el mensaje sobre la Misericordia de Dios. Basta recordar la encíclica «Dives in misericordia» de Juan Pablo II y la «Deus caritas est» de Benedicto XVI. Debemos estar muy contentos y agradecer al Señor por un don que ha regalado a la Iglesia católica, que es la continuidad del magisterio.


¿Cuáles palabras de Papa Wojtyla utilizaría para los jóvenes de hoy?

La mayor parte de los jóvenes que vienen a Cracovia para la JMJ no tuvo la posibilidad de conocerlo. Espero que todos ellos reunidos alrededor de Papa Francisco, mediante nuestra fe en la comunión de los santos, también se encuentren con Juan Pablo II. Tuve la gracia de estar a su lado no solo en los encuentros mundiales de los jóvenes, sino también durante sus viajes apostólicos a diferentes países del mundo. Puedo, pues, atestiguar que él sabía encontrar palabras para animar a los jóvenes y para enseñarles a tomar decisiones sabias. Repetía: «Tienen que exigirse, aunque los del no les exijan». Y explicaba: «Cada uno encuentra en la vida una dimensión, tareas que debe asumir y cumplir. Una causa justa, por la que no se puede no luchar. Algo deber, alguna obligación que no se pueda eludir. De la que no sea posible desertar. Hay que defender y mantener un cierto orden de valores y de verdad, dentro de uno y alrededor de uno. Sí: defender para sí y para los demás». 

lunes, 25 de julio de 2016

JMJ 2016 (2)

Después de minuciosos  preparativos,  reflexiones sobre Jornadas anteriores y la Misa de envío celebrada por  el Señor Obispo


 los Sampedrinos de la parroquia Nuestra Señora del Socorro de San Pedro, Prov. Buenos Aires,  con sus mochilas cargadas de entusiasmo el 14 de julio pasado partieron rumbo a Roma, como primer etapa de su viaje hacia la JMJ 2016 en Cracovia, para participar de esta maravillosa experiencia junto a jóvenes de todo el mundo.


Ya al dia siguiente instaladas en su casa romana, la parroquia de San Roberto Belarmino fue punto de partida para ir descubriendo la bella Roma y sus lugares santos y también turísticos.
Muy pronto mate en mano

 comenzaron a entrar en confianza con esta ciudad llena de sorpresas que maravilla a cada paso, una mateada frente al Coliseo y ya rumbo hacia la Fontana de Trevi,  conocer la Basilica de San Juan de Letrán, la catedral del Papa, bellísima iglesia “madre y cabeza de todas las iglesias de Roma y del mundo entero” y cruzar la Puerta santa , también la preciosa Santa Maria Mayor, para estar un rato  frente a la Virgen, Salus Populi Romaní!
Ya al dia siguiente la primer visita al Vaticano… participar en la plaza del Ángelus y recibir la bendición del Papa Francisco.   

Y tener la gracia de  ir en peregrinación a la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro: emocionante estar ahí, rezar frente a Pedro. Y visitar la Basílica de San Pablo Extramuros. Días intensos, hermosos decían!
Y ya al dia siguiente la celebración de la Misa en la Basìlica de San Pedro en el altar donde se encuentran los restos de San Juan Pablo II! Una gracia especial sin dudas que el joven sacerdote Sebastian Zagari liderando el grupo comentaba con sus palabras:
“Un momento muy especial para mí: esta mañana, en la Basílica de San Pedro, pude celebrar la Misa en el altar de San Sebastián, donde se encuentran los restos de San Juan Pablo II. ¡Llevamos las intenciones de todos a ese altar y esa Misa!
Fue tambien para mí una oportunidad de dar gracias a Dios por la presencia y la intercesión de Juan Pablo II en mi vida, que tanto me marcó en mi camino de fe y vocacional”


Y después de unos días inolvidables en Roma, el grupo partió hacia Polonia para vivir allí la experiencia de los Días en las Diócesis (prejornada) en la Arquidiócesis de Wroclaw. Allí los esperaban ansiosos en la Parroquia de la Divina Providencia. 

Emociona – decia Sebastian Zagari - ver tan presente, ¡en todas partes!, a Juan Pablo II. La gente es muy hospitalaria y muy servicial . La gran barrera del idioma - que ciertamente da lugar a miles de anécdotas - es vencida por el amor y el espíritu de fe con que nos están recibiendo. Y en medio de tantas diferencias entre Argentina, Polonia, Colombia, España, Brasil... surge lo que tan fuertemente nos une: ¡la fe en Jesús! Una experiencia hermosa en la Parroquia de la Divina Providencia.
Wroclaw también les deparaba una sorpresa: un negocio con una estantería entera de diferentes tipos de yerba, mates y bombillas!!


Despues de hermosos días en Wroclaw, 

una experiencia inolvidable decían  –  espero poder comentar más detalladamente cuando el grupo regrese - la partida… para mañana comenzar a participar de la JMJ 2016 junto a jóvenes de todo el mundo en esta  tierra bendita de San Juan Pablo II, nada menos que en su querida ciudad de Cracovia!! 

sábado, 23 de julio de 2016

JMJ 2016 (1)

Estar enferma un mes es demasiado tiempo y aún no estoy en casa. Hubiese querido escribir en detalle acerca de los preparativos para las Jornadas, pero no me fue posible. Espero poder ponerme al día la próxima semana y seguir de cerca a mi grupo amigo de San Pedro, provincia de Buenos Aires quienes después de profundas reflexiones y preparativos en su parroquia partió entusiasta de la Argentina el pasado 14 de julio hacia Roma como primera etapa de esta maravillosa experiencia y que ahora ya se encuentra en Wroclaw, Polonia, participando de las prejornadas.

viernes, 24 de junio de 2016

Stanislaw Dziwisz : Los insólitos caminos de Juan Pablo II hacia la Divina Misericordia (2 de 2)

(altar principal del Santuario de la Divina Misericordia, Lagiewniki/Cracovia)


El misterio de la misericordia de Dios en la Revelación

“En la Encíclica Dives in misericordia el Papa Juan Pablo II, siguiendo la
Constitución pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II, recuerda que Jesucristo
es la plenitud de la “revelación del misterio del Padre y de su amor” (GS 22). La
revelación de Dios es el misterio del amor (1Jn 4,16. 18), el cual une en la unidad al
Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Es el amor que se comparte con cada criatura, porque
su naturaleza consiste en regalar. Se revela al hombre en la Historia de la Salvación
como el Creador y Señor de toda la creación, quien es el buen Padre y el Dador de la
vida (cfr Gn 1 – 2; cfr Col 1, 15 – 20). En Él el hombre encuentra su realización.
La experiencia fundamental de la misericordia en la Historia de Israel, a la cual
se remite Juan Pablo II (DM 4), es el acontecimiento que tuvo lugar durante el éxodo
del pueblo elegido de la esclavitud de Egipto. Dios, viendo el sufrimiento de su pueblo,
se apiadó de su infortunio y lo liberó de las manos de sus perseguidores. En la
experiencia del éxodo está arraigada la confianza de los israelitas en la misericordia de
Dios, que supera cualquier pecado y miseria del hombre. En aquel momento de los
hechos Dios, Creador del hombre y Señor del mundo, reveló toda la verdad de sí
mismo: “Yahvé pasó por delante de él y exclamó: “Yahvé, Yahvé, Dios misericordioso
y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad, que mantiene su amor por mil
generaciones y perdona la iniquidad, la rebeldía y el pecado…(Ex 34, 6 – 7). En este
acontecimiento Dios reveló la verdad fundamental de que cada hombre, que era
culpable por el pecado y se había apartado de su Creador, podía encontrar la razón para
volver y dirigirse con la petición del perdón (Nm 14, 18; Cro30, 9; Neh 9, 17; Sal 86,
15; Sap 15, 1; Eclo 2, 11; Job 2, 13). El Papa recuerda que Dios reveló su misericordia
desde el principio de la historia por medio de palabras y de obras descubriendo las
diferentes dimensiones de su amor hacia el hombre.
La misericordia de Dios revelada en la Antigua Alianza, observa el Papa en la
Encíclica Dives in misericordia, es un paradigma del amor de Dios hacia el hombre, que
abarca diferentes “matices del amor”. Es el amor paternal, que resulta del hecho de
haber dado la vida, porque Dios es el Padre de Israel (Is 63, 16), y el pueblo elegido es
su hijo amado (Ex 4, 22). Es también su Esposo e Israel su esposa amada (Os 2, 3). Su
amor se revela como compasión y perdón magnánimo, cuando el Pueblo Elegido no
mantiene la fidelidad (Os 11, 7 – 9; Jer 31, 20; Is 54, 7). Los salmistas lo llaman Dios
del amor, clemente, fiel y misericordioso (Sal 103; 145). La experiencia de la
misericordia de Dios nace en el diálogo interno del hombre con su Creador y Padre.
En la Encíclica Dives in misericordia Juan Pablo II, remontándose a la Historia
de la Salvación, recuerda la presencia incesante de Dios entre la gente. La misericordia
del Padre, revelada por Jesucristo, está presente en la Antigua Alianza, en la historia del
pueblo elegido, que conservó la fe en el único Dios. El Dios Yahve, el Creador del
mundo y del hombre, se da a conocer a Moisés como misericordia. Dios mismo, de
forma solemne se presenta: “Descendió Yahvé en forma de nube y (moisés) se puso allí
junto a Él e invocó el nombre de Yahvé. Yahvé pasó por delante de él y exclamó:
“Yahvé, Yahvé, Dios misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y
fidelidad, que mantiene su amor por mil generaciones y perdona la iniquidad, la rebeldía
y el pecado…(Ex 34, 5 – 7). En la misericordia, como lo subraya Juan Pablo II, (DM 4),
surgen diferentes aspectos del amor de Dios hacia el hombre: La bondad, la
benevolencia, la gracia, la fidelidad, la ternura y la compasión propia de la madre, la
magnanimidad y la benevolencia así como la clemencia, dejar marchar al adversario y
perdonarle . La misericordia, comprendida como la revelación del amor de Dios hacia el
hombre, se une de forma indisoluble con la obra de la creación uniendo al Dios Creador
con el hombre que es su criatura (DM 4). Como observa el Santo Padre, es propio de la
naturaleza del amor el no poder odiar ni desear el mal a quien obsequió con la plenitud
de los bienes.
El misterio del amor misericordioso lo conservó el pueblo elegido, amonestado
en sus acciones por los profetas y animado a la apertura de su corazón al Dios de la
misericordia (Is 54, 10; Jer 31, 3). La misericordia experimentada por los israelitas era
“el contenido de la intimidad con su Señor” (DM 4) especialmente en estos momentos,
cuando le faltaba la fidelidad a la Alianza.
Cada hombre, observa Juan Pablo II en Dives in misericordia, es capaz de
descubrir a Dios en la naturaleza y en el universo a través de sus “atributos invisibles”
(Rm 1, 20). El conocimiento indirecto no permite sin embargo la visión plena de Dios.
La revelación del amor en Jesucristo conduce a Dios “en el misterio insondable de su
esencia” (DM 2; 1 Tim 6, 16). Jesucristo muestra al Dios de la misericordia en las
parábolas de la oveja perdida y de la dracma (Lc 15, 1 – 10), y especialmente en la
parábola del hijo pródigo (Lc 15, 11 – 32). Esta parábola muestra en primer lugar la
grandeza del amor del Padre, dispuesto a perdonar y a obsequiar de nuevo. Juan Pablo II
extrae aún más de ella la dignidad del hijo pródigo, que resplandece de nuevo gracias a
la misericordia del Padre. Dios aparece como fiel a su paternidad: “Tal amor es capaz de
inclinarse hacia todo hijo pródigo, toda miseria humana y singularmente hacia toda
miseria moral o pecado” (DM 6). La grandeza del amor de Dios hacia el hombre
pecador desvela la grandeza de la dignidad del hijo, que siempre es el hijo de Dios y
tiene derecho a su amor. Juan Pablo II percibe en la misericordia “la relación de la
desigualdad” entre Dios, quien obsequia, y el hombre, que recibe su bondad. Sin
embargo la misericordia propicia que el hijo pródigo, recibiendo la dignidad de hijo, no
se sienta humillado. Al gran amor de Dios corresponde con la actitud de la conversión,
que es el fruto de la misericordia (DM 6).
La revelación plena de la misericordia de Dios es la muerte y la resurreción de
Cristo. El misterio pascual muestra la grandeza del amor de Dios hacia el hombre, que
“no ahorró a su propio Hijo” (2 Cor 5, 21). Gracias al misterio de la cruz Dios muestra
la profundidad de su amor, que está en el principio de la creación del hombre y de la
obra de la Redención: “Dios, tal como Cristo ha revelado, no permanece solamente en
estrecha vinculación con el mundo, en cuanto Creador y fuente última de la existencia.
Es el amor, que no sólo crea el bien, sino que hace participar en la vida misma de Dios:
Padre, Hijo y Espíritu Santo” (DM 7). En la muerte de Cristo Dios está cerca del
hombre dándose a sí mismo, para que el hombre pueda tener parte en su vida. El amor
misericordioso es más fuerte que el pecado y que la muerte. Gracias a la actuación del
Espíritu santo el hombre se abre a la actuación de la misericordia y percibe su dignidad,
que le da la posibilidad de la unificación con Cristo.
El lugar del encuentro con la misericordia de Dios son los sacramentos, sobre
todo la Penitencia y la Eucaristía, en los cuales el cristiano toca el amor misericordioso
de Dios. La Iglesia, fiel a Jesucristo, destaca Juan Pablo II, tiene que dar testimonio de

la Divina Misericordia como el primer deber de su misión en el mundo (DM 12).”

Stanislaw Dziwisz : Los insólitos caminos de Juan Pablo II hacia la Divina Misericordia (1 de 2)

 (altar principal del Santuario de la Divina Misericordia en Lagiewniki/Cracovia)

“La verdad sobre la Divina Misericordia fue la razón principal de la enseñanza
pontificia del Santo Padre Juan Pablo II. Surgió ya al principio de su pontificado en la
Encíclica Dives in misericordia (1981). Este documento constituye, junto con las
Encíclicas Redemptor hominis (1979) y Dominum et vivificantem (1983), una parte de
la gran trilogía dogmática, en la cual el Papa habla al hombre contemporáneo sobre
Dios, que se revela al hombre como la Santísima Trinidad, el Padre, el Hijo y el Espíritu
Santo. La misericordia es la clave para la comprensión del misterio de Dios y del
hombre. Ella caracteriza a Dios que se revela al hombre en la Historia de la Salvación.
Es el tema principal de la enseñanza de Cristo y se muestra en plenitud en el misterio de
la salvación, en su muerte y en su Resurreción. La misericordia es a la vez una especial
oportunidad para el hombre, porque por ella puede experimentar la cercanía de Dios que
es misericordioso.

La beatificación y canonización de la Hermana Faustina
Durante la beatificación de la Hermana Faustina Kowalska en el segundo
domingo de Pascua, el 18 de abril de 1993 en Roma, Juan Pablo II recalcó que el
misterio de la Divina Misericordia, el cual Dios había recordado a todo el mundo por
medio de una humilde monja de Polonia, es un “llamamiento profético al mundo”. Para
toda la humanidad, cansada de las guerras terribles, el mensaje de la misericordia se
convirtió en un signo de esperanza, mostrando la presencia de Dios que regala el amor y
la posibilidad de un renacimiento espiritual del hombre.
La canonización de la Hermana Faustina Kowalska el 30 de abril de 2000 en
Roma fue de una especial elocuencia, porque por medio de este acto Juan Pablo II
transmitió el mensaje de la misericordia a todo el mundo como un puente que une el
segundo milenio del cristianismo con el nuevo siglo. Recordó a su vez que la
misericordia de Dios es una oportunidad especial para el renacimiento de toda la
humanidad: “La humanidad no encontrará la paz hasta que no se dirija a la Divina
Misericordia” (Diario). El mensaje de la Misericordia permite interpretar de nuevo el
Evangelio sobre la Misericordia de Dios, en cuya luz el hombre no sólo recibe y
experimenta la misericordia de Dios, sino que está llamado a “usar misericordia” con
los demás (DM 14).
Juan Pablo II proclamó el Segundo Domingo de Pascua, el “Domingo de la
Misericordia”, poniendo de relieve que la misericordia es una oportunidad para conocer
el “Verdadero rostro de Dios y del hombre” (Homilía de la canonización, 5). El
mensaje de la misericordia recuerda a su vez al mundo la dignidad y el valor de cada
hombre, por el cual Cristo entregó su vida.
Durante la canonización de la Hermana Santa Faustina Kowalska Juan Pablo II
subrayó de forma clara que el mensaje de la misericordia, proclamado incesantemente
por la Iglesia, y recordado gracias a las apariciones a Santa Faustina, se convierte hoy
en una parte de la experiencia del hombre perdido en medio de diferentes ideologías y
corrientes de pensamientos en el cambio del siglo XX y XXI. En el misterio de la
Divina Misericordia el cristiano encuentra el rostro verdadero de Dios, cercano al
hombre, y el rostro verdadero del hombre que necesita la misericordia y disponible para
practicarla1. El Santo Padre volvió a este pensamiento muchas veces cuando polemizó
con la “teología de la muerte de Dios”, o también cuando demostró los errores de los
totalitarismos contemporáneos que intentan eliminar a Dios de la historia humana.

Consagración del mundo a la Divina Misericordia
Durante la Consagración de la Basílica de la Divina Misericordia en Cracovia el
17 de agosto de 2002 Juan Pablo II una vez más recalcó que el mundo contemporáneo
necesita la Divina Misericordia, así como encomendó a la iglesia la tarea de acercar al
mundo el misterio de la Divina Misericordia: “Por eso hoy, en este santuario, quiero
consagrar solemnemente el mundo a la Misericordia divina. Lo hago con el deseo
ardiente de que el mensaje del amor misericordioso de Dios, proclamado aquí a través
de santa Faustina, llegue a todos los habitantes de la tierra y llene su corazón de
esperanza. Que este mensaje se difunda desde este lugar a toda nuestra amada patria y al
mundo. Ojalá se cumpla la firme promesa del Señor Jesús: de aquí debe salir “la chispa
que preparará al mundo para su última venida” (cf. Diario, 1732, ed. it; P. 568). Es
preciso encender esta chispa de la gracia de Dios. Es preciso transmitir al mundo este
fuego de la misericordia. En la misericordia de Dios el mundo encontrará la paz, y el
hombre, la felicidad. Os encomiendo esta tarea a vosotros, amadísimos hermanos y
hermanas, a la Iglesia que está en Cracovia y en Polonia, y a todos los devotos de la
Misericordia divina que vengan de Polonia y del mundo entero” 2
El tema de la Divina Misericordia surgió de nuevo en la enseñanza de Juan
Pablo II en la Carta Apostólica Novo millennio ineunte, publicada en el umbral del
Tercer Milenio del cristianismo (6. I. 2001), como “imaginación de la caridad”. El Papa
escribió sobre la imaginación de la caridad en el contexto de la Europa que se unificaba.
Esta cuestión se convirtió en objetivo de la reflexión del Sínodo de los Obispos en
octubre de 1999, que preparó el Gran Jubileo del año 2000. El fruto de los debates
sinodales fue la Exhortación Apostólica Ecclesia in Europa (28. VI 2003). Este tema
parece sugerir unos argumentos de pensamiento, que abarcan toda la enseñanza del
Santo Padre cuyo nexo es la verdad sobre la misericordia de Dios.
El emprendimiento de la cuestión de la Divina Misericordia en la enseñanza de
Juan Pablo II exige la presentación del problema del misterio de Dios que se revela en el
Antiguo y en el Nuevo Testamento en su esencia como misericordioso. El Papa ofrece
una interpretación muy original de Dios, quien se revela como Padre de misericordia en
toda la Historia de la Salvación. El misterio de la misericordia permite al hombre
comprenderse a sí mismo y realizar su vocación. Al mismo tiempo le hace consciente de
que necesita incesantemente la misericordia y de que es capaz de practicarla con el
prójimo. Tales suposiciones del Papa Juan Pablo II dirigen nuestra atención al misterio
de Dios que revela su misericordia en el Antiguo testamento, así como a Cristo que es la
plenitud de la revelación de la misericordia del Padre en la Nueva Alianza, y a los
modos de realización de la misericordia por los discípulos de Cristo.