Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

sábado, 16 de febrero de 2008

Karol Wojtyla y Mieczysław Kotlarczyk


Karol Wojtyla se inció en teatro representando el papel de Haemon en “Antigona” ya en Noviembre de 1935 en la escuela de su pueblo natal Wadowice. Seguirían muchas otras representaciones de un teatro tradicional. En Febrero de 1936 iniciaría su amistad con Mieczysław Kotlarczyk, director de teatro vanguardista, profesor en la escuela de la Orden de Carmelitas Descalzos en Wadowice. Juntos hablarian de teatro, literatura y filosofia.
Fué Mieczyslaw Kotlarczyk quien lo involucraría seriamente en un teatro distinto, el Teatro Rapsódico. “El era un verdadero pionero del teatro de aficionados y tenía grandes ambiciones de un repertorio de calidad” (DyM) Como dice Juan Pablo II en Don y Misterio “En ese período de mi vida la vocación sacerdotal no estaba aún madura”… estaba fascinado sobre todo por la literatura, en particular por la dramática, y por el teatro”, el “teatro de la palabra viva”.

Ya durante el primer año que Karol Wojtyla se instalara con su padre en Cracovia para estudiar filolologia polaca en la Universidad Jaguellonica, se sintió atraído por el estudio de la lengua misma, que lo llevaria a “ horizontes completamente nuevos, por no decir en el misterio mismo de la palabra” esa palabra que “antes de ser pronunciada en el escenario, vive en la historia del hombre como dimensión fundamental de su experiencia espiritual. En última instancia, remite al insondable misterio de Dios mismo” (DyM)

En aquella época estuve en contacto con el teatro de la palabra viva, que Mieczyslaw Kotlarczyk había fundado y continuaba animando en la clandestinidad. La dedicación al teatro fue favorecida al principio por el hecho de haber hospedado en mi casa a Kotlarczyk y a su mujer Sofía, que habían logrado pasar de Wadowice a Cracovia .......Compartiendo la misma casa, podíamos no sólo continuar con nuestras conversaciones sobre el teatro, sino incluso realizar actuaciones concretas, que tenían precisamente el carácter de teatro de la palabra. Era un teatro muy sencillo. La parte escénica y decorativa estaba reducida al mínimo; la actuación consistía esencialmente en la recitación del texto poético. Las representaciones tenían lugar ante un grupo reducido de conocidos e invitados, que demostraban un interés específico por la literatura y eran, de algún modo, "iniciados" …. “ He de admitir que toda aquella experiencia teatral ha quedado profundamente grabada en mi espíritu, a pesar de que en un cierto momento de mi vida me di cuenta de que, en realidad, no era esa mi vocación
Kotlarczyk, quien murió en 1978, fue profesor de idioma polaco y pionero en el teatro polaco, fundador del Teatro Rapsódico, 12 años mayor que Wojtyla. Amigos ya en su pueblo natal Wadowice, afianzaron su amistad en Cracovia . Fue Wojtyla quien insistió ante Kotlarczyk que se mudara con su esposa a Cracovia para que pudieran trabajar juntos en teatro y hacer del teatro “una iglesia donde pueda florecer el espiritu nacional”. Kotlarczyk, a su vez, describía el Teatro rapsódico como “una protesta contra la exterminación de la cultura nacional polaca en su propio suelo, una forma de resistencia contra la ocupación Nazi.....un teatro diferente, mas escuchado que visto como espectáculo, un teatro de la palabra”
“Wojtyla desde los dieciséis años se abrió a la experiencia como factor fundante del pensamiento y de la acción a través de su contacto con el Teatro Rapsódico desarrollado por su maestro y amigo Mieczyslaw Klotarczyck. El teatro para Wojtyla no es una mera escenificación superficial de alguna historia sino es un lugar privilegiado en el que la vida se vuelve palabra y la palabra se vuelve vida3. La palabra que quiere ser palabra-viva no puede ser pensada sin el movimiento, sin el gesto, sin la acción4. El actor al moverse y gesticular es aquel que no sólo se torna un «personaje» sino el sujeto que porta un problema, el problema que toda representación de esta naturaleza intenta comunicar y resolver. Así entendidos los términos esenciales del teatro, no es difícil afirmar que existe una dimensión propiamente dramática de la personalidad de Wojtyla-Juan Pablo II que ha permanecido aún en su Ministerio al frente de la Iglesia católica. Esto no quiere decir que Juan Pablo II actúe una suerte de caracterización figurada o ficticia sino que su persona trata de manifestar a través de un amplio gesto -su acción pastoral- el modo como el problema fundamental de la vida ha encontrado su respuesta definitiva en una Verdad que trasciende lo humano sin negarlo.”

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