Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

domingo, 6 de septiembre de 2009

El grito de “Efeta” del cardenal Jorge Bergoglio


Por segundo año consecutivo, el Cardenal Jorge Bergoglio presidió una Eucaristía acompañado por cartoneros y costureros y por todos los que padecen pobreza, exclusión y esclavitud en esta ciudad nuestra de Buenos. Aires. Fue el viernes pasado 4 de septiembre en la Plaza Constitución, lugar que “no fue escogido por casualidad. En ese barrio se concentran buena parte de las denuncias de trata, trafico, trabajo esclavo, narcotráfico y prostitución que la Alameda y el MTE han motorizado junto a la defensoría del pueblo y diputados nacionales ante juzgados federales” (tomado parcialmente de la pagina web de La Alameda)
Hace tiempo que la Iglesia argentina acompañada por otras Iglesias e instituciones viene denunciando la cruel realidad de una sociedad donde la pobreza y la miseria aumentan escandalosamente y donde el problema no es tan económico, como social y moral. En su homilía el cardenal Bergoglio pronunció palabras fuertes, muy fuertes, palabras que infunden vergüenza y despiertan cierto orgullo a la vez. Vergüenza que ocurra aquí entre nosotros, en nuestra ciudad. Orgullo que la Iglesia hable en boca del cardenal Bergoglio con tanta claridad y tanta valentia por mas que duela.
“La Palabra de Dios es fuerte. Es Dios el que nos dice:“Grita con fuerza y sin miedo. Grita con fuerza y sin miedo. Levanta tu voz como trompeta y denuncia a mi pueblo sus maldades”. No tener miedo. No tener miedo a decirnos la Verdad aunque la Verdad duela. Aunque nos de vergüenza, hoy nos juntamos para reconocernos unos a otros. Para mirarnos a la cara y decirnos: “Vos tenés dignidad, y a vos te la quieren quitar”. Y gritar. Hoy nos juntamos para sentirnos mas fuertes porque en esta ciudad en la que vivimos nos quieren debilitar, nos quieren quitar la fuerza, nos quieren robar la dignidad” - asi empezaba la homilía.

Y volvia a repetir lo dicho el año pasado en una iglesia de La Boca “en esta ciudad de Buenos Aires tan linda, tan nuestra, hay esclavos”…
“ y con mucho dolor lo digo, están los que “caben” en este sistema que se hizo y los que “sobran”, los que no caben, para los que no hay trabajo, ni pan ni dignidad. Y esos que “sobran” son el material de descarte porque también en esta ciudad de Buenos Aires se “descarta” a las personas y estamos llenos de “volquetes existenciales”, de hombres y mujeres que son despreciados”

Y continuaba: “Sí. Algo peor todavía: estos hombres y mujeres, chicos y chicas, que no caben, que son material de descarte, que son despreciados, se los trata como mercadería. Son objeto de trata. Y hoy podemos decir que en esta ciudad los talleres clandestinos, con los cartoneros, en el mundo de la droga, en el mundo de la prostitución, existe la trata de personas.” “Por eso la Palabra de Dios nos dice:“Grita con fuerza y sin miedo” y yo hoy digo:”Gritemos con fuerza y sin miedo”. No a la esclavitud. No a los que sobran. No a los chicos, hombres y mujeres como material de descarte.”
“Nos hemos endurecido, hemos perdido el corazón. Buenos Aires se olvidó de llorar porque vende a sus hijos, Buenos Aires se olvidó de llorar porque excluye a sus hijos, Buenos Aires se olvidó de llorar porque esclaviza a sus hijos... Y hoy nos miramos la cara. Alguno podrá decir: Bueno, el cura nos va a decir que recemos. Lo único que les digo hoy es mirémonos las caras, reconozcamos en nuestro hermano la dignidad y luchemos para que esa dignidad sobreviva. Y abramos el corazón al llanto, a ese llanto que pide perdón por ese crimen de la trata de personas. Y no estoy inventando cosas porque estuve escuchando lo que me han contado: los talleres clandestinos, sometimiento de menores en la prostitución, tráfico de drogas... Todo ese mundo de la coima que cubre y hace lícito que esto sea posible. Todos tenemos algo que darnos unos a otros. Juntos luchemos .
para que esta ciudad reconozca donde ha caído... y llore, y se corrija ... y haya justicia. Juntos digámonos que vale la pena luchar para que en Buenos Aires no haya mas esclavitud... hay mucha esclavitud”
La conclusion era una súplica incluyendo a quienes quieran escuchar, "abrir sus oidos", "soltar su lengua" , tomar conciencia:
“Y a quienes queremos luchar por esto, que Dios nos siga dando fuerza y valentía para que Buenos Aires llore su injusticia, llore su mundaneidad, llore el que se haya convertido en madre de esclavos. Que Dios nos conceda la gracia de esta conciencia y de la luz”

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