Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

jueves, 11 de agosto de 2011

Dejarse «llenar» por el silencio y la belleza de la Creación


En preciosas palabras y en pleno periodo de vacaciones en el hemisferio norte, en la Audiencia General de esta semana - en vísperas de la memoria de Santa Clara de Asis que celebramos hoy - el Santo Padre Benedicto XVI ha querido recalcar el valor del silencio y los «oasis» del espíritu, señalando San Damián como uno de aquellos lugares donde “Dios habla a la humanidad”.

Personalmente estuve solo una vez en Asís, lugar tan preciado, pero esa visita me ha quedado grabada profundamente. Recuerdo que ya “abajo” en el valle antes de subir a Asis, en la Basilica de Santa Maria de los Angeles vivimos momentos especiales en la Porciuncula. Luego llegar hasta Asis fue abrirnos como a un sueño. En un dia verdaderamente excepcional, el sol parecía brillar más, todo estaba en flor. Fue como adentrarnos en la maravillosa película “Hermano sol, Hermana Luna”. Realmente bello. Pero lo que más me llamo la atención fue un joven franciscano, sencillo con una sonrisa a flor de labio, atento a las visitas, dispuesto a responder preguntas, como suspendido en el aire, un pequeño San Francisco….. caminando de aquí para allá por el patio de San Damian donde está el pozo milagroso…..

Queridos hermanos y hermanas: decía el santo Padre en la Audiencia desde Castelgandolfo:
“En cada época, hombres y mujeres que consagraron su vida a Dios en la oración —como los monjes y las monjas— establecieron sus comunidades en lugares particularmente bellos, en el campo, sobre las colinas, en los valles de las montañas, a la orilla de lagos o del mar, o incluso en pequeñas islas. Estos lugares unen dos elementos muy importantes para la vida contemplativa: la belleza de la creación, que remite a la belleza del Creador, y el silencio, garantizado por la lejanía respecto a las ciudades y a las grandes vías de comunicación. El silencio es la condición ambiental que mejor favorece el recogimiento, la escucha de Dios y la meditación. Ya el hecho mismo de gustar el silencio, de dejarse, por decirlo así, «llenar» por el silencio, nos predispone a la oración. El gran profeta Elías, sobre el monte Horeb —es decir, el Sinaí— presencia un huracán, luego un terremoto, y, por último, relámpagos de fuego, pero no reconoce en ellos la voz de Dios; la reconoce, en cambio, en una brisa suave (cf. 1 R 19, 11-13). Dios habla en el silencio, pero es necesario saberlo escuchar. Por ello los monasterios son oasis en los que Dios habla a la humanidad; y en ellos se encuentra el claustro, lugar simbólico, porque es un espacio cerrado, pero abierto hacia el cielo.
Mañana, queridos amigos, haremos memoria de santa Clara de Asís. Por ello me complace recordar uno de estos «oasis» del espíritu apreciado de manera especial por la familia franciscana y por todos los cristianos: el pequeño convento de San Damián, situado un poco más abajo de la ciudad de Asís, en medio de los olivos que descienden hacia Santa María de los Ángeles. Junto a esta pequeña iglesia, que san Francisco restauró después de su conversión, Clara y las primeras compañeras establecieron su comunidad, viviendo de la oración y de pequeños trabajos. Se llamaban las «Hermanas pobres», y su «forma de vida» era la misma que llevaban los Frailes Menores: «Observar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo» (Regla de santa Clara, I, 2), conservando la unión de la caridad recíproca (cf. ib., X, 7) y observando en particular la pobreza y la humildad vivida por Jesús y por su santísima Madre (cf. ib., XII, 13).
El silencio y la belleza del lugar en el que vive la comunidad monástica —belleza sencilla y austera— constituyen como un reflejo de la armonía espiritual que la comunidad misma intenta realizar. El mundo está lleno de estos oasis del espíritu, algunos muy antiguos, sobre todo en Europa, otros recientes, otros restaurados por nuevas comunidades. Mirando las cosas desde una perspectiva espiritual, estos lugares del espíritu son la estructura fundamental del mundo. Y no es casualidad que muchas personas, especialmente en los períodos de descanso, visiten estos lugares y se detengan en ellos durante algunos días: también el alma, gracias a Dios, tiene sus exigencias.
Recordemos, por tanto, a santa Clara. Pero recordemos también a otras figuras de santos que nos hablan de la importancia de dirigir la mirada a las «cosas del cielo», como santa Edith Stein, Teresa Benedicta de la Cruz, carmelita, copatrona de Europa, que celebramos ayer. Y hoy, 10 de agosto, no podemos olvidar a san Lorenzo, diácono y mártir, con un augurio especial a los romanos, que desde siempre lo veneran como uno de sus patronos. Por último, dirijamos nuestra mirada a la Virgen María, para que nos enseñe a amar el silencio y la oración.

11 de agosto de 2011
(fuente Osservatore Romano)


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